Mariela Eula @ Psicoanálisis

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¿Qué implica el regreso a Lacan?

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Psicología. La pregunta fundamental que guió todo el quehacer lacaniano es la que hoy se soslaya: ¿qué es el psicoanálisis? Retomarla sería esencial.

POR EVA TABAKIAN

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Lacan comienza su enseñanza enarbolando una consigna que lo localiza por fuera del psicoanálisis de su época, el ya famoso “Retorno a Freud”. Con este objetivo toma como punto de partida lo que denomina la experiencia germinal de Freud que constituye el origen del psicoanálisis y consiste en revelar el elemento estructural del proceso psicoanalítico: la reconstitución completa de la historia del sujeto. Pero no entiende la historia como el simple pasado sino como el pasado historizado en el presente.

En cambio, el freudismo se orientaba hacia la relación analítica en el presente ( hic et nunc) lo que implica la readaptación del sujeto a la realidad, tomando el Yo del analista como medida de esto real. Con el retorno, Lacan retoma la posición de Freud acentuando el peso que tiene tal concepción del pasado y dejando de lado la “vivencia” y lo “vivencial” que tantas veces se desliza en algunas concepciones y que lleva a las conclusiones de la Ego Psichologie que entrona una psicología del Yo, desconociendo las coordenadas que Freud estableció en una de sus obras más importantes, El Yo y el Ello . Entonces opone al aquí y al ahora del freudismo la rememoración, entendida como función simbólica de la memoria. De modo que incluye en su lectura de Freud y sus seguidores la misma lógica temporal que el fundador del psicoanálisis estableció como fundamento de la operación psicoanalítica.

En una conocida entrevista que Paolo Caruso le hizo con motivo de la publicación de susEscritos , el mismo Lacan define lo que entiende como retorno. Allí dice que su “retorno a Freud” significa simplemente que los lectores se preocupen por saber efectivamente y de primera mano qué es lo que Freud dice y qué quiere decir, y la primera condición para ello es que lo lean con seriedad aplicando la crítica freudiana a los textos de Freud. De este modo se llegan a descubrir muchas cosas. Dice también que “como se sabe, la mayor parte de lanzas las he roto contra los círculos dirigentes de la Sociedad Psicoanalítica Internacional, que después de la guerra me han colocado en una situación muy especial. Mi oposición es categórica, agresiva, y se acentúa ante una teoría y una práctica totalmente centradas en las doctrinas llamadas ‘del Ego autónomo’, que dan a la función del ego el carácter de una ‘esfera sin conflictos’, como se le llama. Este ego, en sustancia viene a ser el ego de siempre, el ego de la psicología general, y en consecuencia, nada de lo que pueda discutirse o resolverse a partir de él es freudiano. Simplemente, es una manera subrepticia, dogmática y autoritaria, no de incluir el psicoanálisis en la psicología general como pretenden, sino de llevar la psicología general al terreno del psicoanálisis, y en definitiva de hacer perder a éste toda su especificidad. Aquí me veo obligado a hacer un resumen poco preciso.” En este punto refiere a lo que se denominaba en ese momento el grupo de Nueva York, constituido por personajes que provienen directamente del ambiente alemán: Heinz Hartmann, Loewenstein, Ernest Kris, a los cuales se enfrentará con todo el rigor de la lectura propia haciéndolos responsables de la desviación de la teoría freudiana. Dice que “se han aprovechado de la gran diáspora nazi para imponer en América, con toda la autoridad que derivaba del hecho de proceder de aquel lugar benemérito, una cosa absolutamente adaptada a una sociedad que, en este aspecto, estaba esperando que los Magos la intimidaran. Para sus teorizaciones encontraron incluso muchas, tal vez demasiadas, facilidades, caminos demasiado trillados por una tradición, para no extraer beneficios extraordinarios de carácter personal. En una palabra, se trata de una traición muy clara a los descubrimientos originales y peculiares de Freud.” Esto nos enseña que no basta leer a Lacan insistentemente para poder seguirlo como él hizo con Freud, porque lo que está en juego en el seguirlo no es “saberlo mejor” ni poseer versiones más o menos auténticas. Sólo se puede tener acceso a su palabra cuando se establece una relación tal que permita aprender qué hay para pensar en ella. En este sentido originario, sólo podrán seguirlo aquellos que puedan someterse a su recorrido. Y este recorrido Lacan lo encara desde una lectura de El Yo y el Ello rompiendo con la tradicional interpretación de los psicoanalistas del momento.

Como también enfatiza Isidoro Vegh, en ese tiempo, Lacan se vio obligado a recordar que en El Yo y el Ello, cuando Freud habla de la función de síntesis del Yo, habla de lo que el Yo quiere lograr pero no de lo que logra, y por eso habla de los vasallajes del yo y no del señorío del Yo. A partir del instintivismo kleiniano, se volvía a poner como último determinante a los instintos que tenían que ver con lo biológico sin advertir la importancia que Freud estableció entre pulsión e instinto.

El instinto está determinado por el objeto que le conviene, la comida de las hormiguitas por ejemplo (no hay huelga de hormiguitas) y en cambio la pulsión es aquello que, originado también en el cuerpo, es lo que hace que pasemos de la comida al menú. Cuando tenemos esa libertad del menú también la oportunidad de desorientarnos y lo único que allí nos puede orientar es lo que llamamos la articulación simbólica. Es decir lo mismo que nos desorienta, el lenguaje y la palabra, es la oportunidad para volver a orientarnos.

Lacan tuvo que recordar eso fundamental a los psicoanalistas: el descubrimiento fundamental de nuestro maestro es el inconsciente y el inconsciente está estructurado como un lenguaje y el ser humano produce síntomas precisamente porque el lenguaje atraviesa el cuerpo y esa determinación del síntoma es lo que permite que el psicoanálisis opere deshaciendo el síntoma también a través de la palabra. Es decir que Lacan requiere del retorno para volver a los conceptos fundamentales del psicoanálisis, los conceptos de Freud, que fueron desvirtuados por los analistas que lo sucedieron.

En este momento de la historia del psicoanálisis, se vuelve a repetir la misma situación. En el caso de Lacan agravado por la modalidad oral de su enseñanza y por la transcripción de la misma en manos de una Escuela que impone su propia impronta y acentuación. De este modo se establecen distintos períodos en su enseñanza, generalmente tres, en los que se distinguen referencias específicas. El primero apunta al retorno a Freud, su deuda al estructuralismo y la lingüística, y una relación fundamental con el pensamiento de Heidegger. El segundo alude fuertemente a lo simbólico, la metáfora paterna y el establecimiento de los conceptos fundamentales del psicoanálisis: el Inconsciente, la pulsión, la transferencia y la repetición. Y finalmente el tercero a toda la temática de lo Real como elemento último de su trilogía (Imaginario, Simbólico y Real), la institución de la topología como modo de pensarlo y el Goce en contraposición o complementariedad con el deseo y el placer.

Esta división que en algún momento el mismo Lacan avaló puede pensarse de distintos modos. Como una progresión en la cual una etapa supera a la otra, en el sentido de las ciencias naturales, o como un proceso de pensamiento en el cual una se resignifica en la otra y produce un nuevo saber acerca del inconsciente que fundamenta la teoría y la clínica. Hay también una modalidad en la que se ve una escisión entre el psicoanálisis clínico, político y epistemológico y se privilegian lecturas de una u otra orientación sin tener en cuenta que ninguna se sostiene sin la otra.

Esto tiene su origen en la misma modalidad en la que se gestó la publicación de sus seminarios, única fuente de acceso a su palabra, fuera de los escritos que él mismo editó. El establecimiento de esos seminarios ha sido pensado de distintas maneras, desde la restitución de un sentido que se habría perdido en la estenografía de las clases que dictó, hasta una puntuación que reforzaba el poder institucional de una Escuela que se fundó en su nombre después de que él hubiera disuelto la suya.

Esta marca institucional-familiar, hereditaria y legitimada también comprende una posición y una interpretación de la palabra lacaniana. El hecho de que esta legitimación anule de alguna manera otras lecturas y comprensiones ha llegado evidentemente a un nudo en el cual los otros participantes se encuentran en una situación de exclusión. Como plantea Michel Sauval en su artículo “El testamento de Lacan”: durante esos 20 años de espera hubo intentos, de parte de algunos de los asistentes al seminario, de dar cuenta de esa enseñanza. Pero, obviamente, medidos con la vara de las exigencias de un ejercicio de transcripción “fiel” que pudiera alcanzar la pretensión de llevar la firma del propio Lacan, estos “intentos” no podrían sino desecharse, por la sencilla y estricta razón de que nunca pretendieron ser más que el “resumen” o “versión” que los firmantes podían testimoniar de esa enseñanza oral a la que habían asistido. Que yo sepa, ninguno de ellos pretendió redactar un texto que pudiera ser firmado por Lacan.

Después de muchas escisiones y confrontaciones, el curso de la disputa podría pensarse en términos de quiénes son o no discípulos de Lacan, es decir quiénes pueden o no seguir su palabra más allá de la cercanía o familiaridad con su persona. Este concepto de discípulo que tan bien trabajara Kierkegaard da la medida de la lectura que hoy en día se hace de la obra de Lacan porque pone en juego un concepto de fidelidad que va más allá de las convencionales posiciones en juego. Ser fiel a su palabra significa hacerse cargo de lo que hay que pensar en ella, y con esto volvemos a los conceptos fundamentales y su fundamentación. Entonces cuando se plantea el retorno a Lacan sería conveniente poner sobre la mesa la pregunta que guió todo el quehacer lacaniano: ¿Qué es el psicoanálisis?, pregunta que hoy se deja de lado en tanto es la cuestión del ser la que a partir de aquí habla para siempre.

La pregunta por lo que es el psicoanálisis implica poder pensar más allá de estar a favor, en contra de las instituciones psicoanalíticas. Queda abierto el espacio para debatir en torno a lo que quizá sea un problema para nada carente de historia: el de la palabra al fin revelada y el poder que la promesa de su enunciación supone.

FUENTE Y OTROS ENLACES: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/implica-regreso-Lacan_0_1291070892.html

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