Mariela Eula @ Psicoanálisis

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iWoman Global Awards 2020. Nominee: Mariela Eula.

Nari Shakti es un certamen que cuenta con el apoyo del gobierno de India, y a parte de tener el objetivo de celebrar y visibilizar a las mujeres, está alineado con la iniciativa Cinnamon, una plataforma que lucha por la igualdad de raza y el fin de la discriminación por color, un tema de gran repercusión en India.
 
Iwoman global awards es una plataforma que recoge todos los certámenes de entrega de premios que ocurren al mismo tiempo en diferentes países del mundo.
 
Desde Iwoman, nuestra finalidad es celebrar a mujeres de todo el mundo mediante este reconocimiento global, por lo que en 2020 esta entrega de premios se hará de manera global, con un único certamen que conectará mujeres de todo el mundo, con una participación de más de 15 países.
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IAWARDS

Psicoanálisis, culpa, y abuso.

” (…) durante años los psicoanalistas hemos contraído una enorme deuda respecto a ciertas situaciones de abuso. Hemos planteado durante demasiado tiempo luna teoría endógena fantasmática respecto a una realidad traumática abusiva en la infancia, o con mujeres golpeadas… Más aún, la teoría con la que nos manejamos mucho tiempo fue la teoría de que el sujeto construye un destino y encuentra aquello que estaba marcado en su inconsciente, una suerte de predeterminismo ya que en lugar de estar marcado por los astros, estaba marcado por el inconsciente. De esta manera fue pensada, incluso, por el psicoanálisis, la neurosis de destino no como aquello que el sujeto teoriza respecto a cómo se le produjo o porqué se produjo algo en su vida, como una teoría más digamos sobre lo real que le llega, sino como una forma de buscar un cierto destino a partir de un modo neurótico de concebir la vida; lo cual en algunos casos es indudable que se produce así, pero en una enorme cantidad de casos, se trata más bien de la restitución omnipotente de un control de lo azaroso que tiene que ver con la conservación en el interior del psicoanálisis de una fantasía omnipotente de que el conocimiento del inconsciente podía llegar incluso a birlar la muerte. Si hay algo impactante que ha producido esta concepción en el campo no sólo de las psicosomáticas sino de la producción general de la enfermedad orgánica – una suerte de Groddeckismo que retorna, un pan-psicoanalitismo que habita incluso la naturaleza – ha sido llegar a ver gente que se adjudicaba la responsabilidad de haber sido el gestor de su enfermedad… yo he visto cosas patéticas. Una paciente con un cáncer terminal diciéndole al analista “¿qué no vi doctor, qué no vi?”.  Algo realmente terrible, donde encima de tener el sujeto un padecimiento tan brutal se responsabilizaba a sí mismo, se culpabilizaba de no haberse analizado suficientemente.
Cuestiones muy importantes y que tienen que ver no sólo con un problema ético, con un problema humano, sino con una manera de concebir el funcionamiento psíquico. Por qué el psicoanálisis no ha podido pensar de otra manera una serie de temas podría ser encarado desde, en principio, dos vertientes. Por un lado,  el hecho de que indudablemente es imposible pensar el psicoanálisis si no es en el marco de la subjetividad de los seres humanos que lo juegan – tanto para teorizarlo como para practicarlo de uno y otro lado del diván. Sería imposible que Freud hubiera pensado la teoría si no fuera analizando al Hombre de las ratas, al Hombre de los lobos y a Hans. Sujetos atravesados por ciertas organizaciones, por ciertas estructuras, sujetos que hoy en parte serían distintos, y sin embargo, en lo fundamental, tendrían un funcionamiento psíquico regulado por los mismos principios. Yo digo, bromeando, que si a las histéricas de la época de Freud se les quedaba la pierna dura por desear inconcientemente al cuñado, esas mismas histéricas harían hoy colapsos narcisistas en caso de que el cuñado no les diera bolilla. Es indudable que el destino del deseo, respecto a los modos de pautación históricos, ha cambiado, pero eso no quiere decir que haya cambiado la motivación libidinal con la cual se produce la determinación que permite encontrar la causalidad psíquica.
Lo mismo ocurre con lo que decía antes del abuso. El hecho de que ya no podamos pensar el Edipo en los términos planteados en los comienzos del psicoanálisis, sostenidos en el drama  clásico, atravesado incluso por los grandes debates que ha habido al respecto, el debate Foucaultiano, por ejemplo, que pone en el centro la cuestión del poder –  lo cual no es algo que se pueda considerar sin embargo al margen del deseo, lo que varía es el tipo de deseo: del amoroso a la ambición de poder -, no significa sin embargo que el tema central, aquel que yo considero más revulsivo, la cuestión que Freud pone en el centro de la antropología, vale decir de una teoría de la humanización,  no siga estando vigente: ella remite a la prohibición del goce intergeneracional, a la prohibición del intercambio sexual intergeneracional. Sin embargo, sólo a partir de la última parte del siglo XX el psicoanálisis ha podido invertir la causalidad edípica, entendiendo por ello la función del otro  adulto que introduce precozmente formas de representación y formas de excitación para los cuales el niño no está preparado, parasitando sexualmente al niño en el marco de una impreparación que lo lanza a un deseo para el cual se encuentra prematurado.
Es indudable esto: el psicoanálisis hizo un aporte extraordinario con este descubrimiento que ha marcado a la humanidad: el descubrimiento no sólo de la sexualidad infantil sino del deseo intergeneracional. El gran aporte está relacionado con esta cuestión que tiene que ver con el deseo intergeneracional y con el hecho de que el descubrimiento capital del Edipo es el descubrimiento de la prohibición del goce intergeneracional y en particular, si uno invierte los términos – siguiendo con esta idea antes expresada respecto a la inversión de la causalidad edípica, como surgida del deseo del adulto que revierte sobre el niño y no endogenamente del niño –  con la prohibición de la apropiación del cuerpo del niño como lugar de goce del adulto. Que esto se haya llamado “Ley del Padre”, a partir de Lacan, o Nombre del Padre, Metáfora Paterna, tiene una virtud y conlleva un problema. La virtud que tiene es que propone dar a la prohibición  un carácter terciario. El obstáculo que acarrea es el hecho de estar marcado por la forma de subjetividad de la familia patriarcal del siglo XX., con la confusión consiguiente entre Ley y Autoridad, y en última instancia convalidando los modos patriarcales de esta intervención. He bromeado al respecto diciendo por qué no se llama a la inscripción de la prohibición,  por ejemplo, “nombre de la hechicera mayor”, en lugar de nombre del padre… Pero bien, en definitiva lo que importa es el concepto, la idea de que hay algo que está ahí pautando la interdicción del goce, proporcionando  a su vez una salida para el endogenismo, en la medida en que la convocatoria erótica del adulto respecto al niño, genera en el niño una serie de fantasmas. Y es desde esta perspectiva que el psicoanálisis se afirma como el único campo de conocimiento que puede explicar de una manera sólida,  la cuestión del abuso no desde el punto de vista sociológico, no desde el punto de vista económico – más allá del hecho de que sea el Tercer Mundo el lugar donde se realiza el mayor turismo sexual del mundo en este momento y donde los países del Primer Mundo vienen a buscar prostitución infantil en Asia y en América Latia -, sino fundamentalmente puede explicar qué es lo que hace que el adulto sea convocado sexualmente por el cuerpo del niño y qué implica esto dentro de la conceptualización de las perversiones.”

 

Silvia Bleichmar

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¿Lo que te choca te checa? El psicoanálisis y el incosciente.

“Para cierto psicoanálisis que tuvo su dominancia y que aún hoy persiste, el inconciente era concebido más bien como una segunda conciencia: teníamos en el fondo de nosotros mismos una suerte de personaje opuesto a lo que suponíamos querer concientemente: Si uno amaba, en el fondo odiaba; si uno odiaba, en el fondo amaba. De ahí a modos de ejercicio de la práctica que funcionaban como una suerte de robo de pensamiento o de máquina de influencia, hay muy poca distancia; pero creo que el problema era teórico, no solamente ético. El problema teórico era creer que en el inconsciente había otro sujeto, que el inconciente estaba subjetivizado y que en la medida en que estaba subjetivizado era una suerte de otro yo, segunda conciencia que quería lo opuesto a lo que uno suponía que quería, y que tenía una tendencia intencional hacia el objeto.
Siempre he insistido en que uno sólo puede tener temor de odiar a los que ama, de manera que es incorrecto interpretarle a alguien que teme expresar su odio, o reconocerlo, que “en realidad odia aquello que dice amar”; es porque  ama al objeto que teme odiarlo, no porque en el fondo lo odia, ya que a quien uno puede odiar claramente esto no le plantea gran problema. Yo nunca tuve problema en odiar al dictador Videla, en mi país. Quiero decir que nunca tuve culpa, nunca amé a los militares “en el fondo de mí misma”, y si no confesé a veces públicamente mi placer de que les pasaran cosas horribles fue por pudor y no por culpa.”

Silvia Bleichmar

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¿Qué es un grupo de estudio de psicoanálisis?

“El grupo de estudio es un dispositivo de vieja raigambre en la transmisión del psicoanálisis. Inventado, prácticamente, por los psicoanalistas argentinos, fue uno de los principales espacios de trabajo y formación para muchas camadas de analistas.
El grupo de estudio participa de las características de lo que suelen llamarse “pequeños” grupos. De no mas de 6 o 7 personas, da lugar a la singularidad de la lectura, trabajo y estilo de cada uno de sus participantes.
Cuando ya no se trata de ir a buscar en los textos respuestas generales a preguntas universales, sino de “medir si la respuesta que [dicho texto] aporta a las preguntas que plantea ha sido o no rebasada por la respuesta que se encuentra en ella a las preguntas de lo actual”, cuando no todos encuentran los mismos obstáculos en los mismos puntos, cuando cada cual intenta orientarse en la singularidad de cada uno de los casos que atiende, a diferencia de la “homogeinización” que suele conllevar el modo universal del discurso universitario, en este dispositivo, los recursos a la formalización pueden articularse con las sorpresas y opciones de esos recorridos singulares.”

Michel Sauval

https://www.sauval.com

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Juego infantil, producción de sentido y “Gatita”. Por Silvia Bleichmar

Papaver

Una niña de seis años está pasando una temporada en la casa de sus abuelos; la madre salió en viaje de trabajo por unos días. Una noche, la nena entra en el cuarto de los abuelos y pide un cepillito para limpiar una caja de plástico que encontró; quiere que se la ayude a armar una cuna para “Gatita”, muñeca que es su objeto transicional favorito. Arma una cuna muy particular, porque es mitad princesita mitad linyerita, digamos. Como almohaditas, pone unas carilinas, y yo le regalo un pañuelo de seda que le encanta (algunos de ustedes ya se han dado cuenta: se trata de mi nieta). Ella me agradece mucho y dice: “Vos sos muy buena porque me diste algo que te gusta, no me diste algo que no te importa”. Con lo cual hace una diferencia entre la caridad y la solidaridad, al rescatar el amor como don de lo que se aprecia. Trabaja mucho tiempo, pega en la cuna fotos de Gatita; el abuelo la ayuda. Violeta lleva a Gatita al otro cuarto, con su cunita. A la mañana siguiente, me despierto pensando que lo sucedido tiene una relación con la ausencia de la madre (me doy cuenta, como me corresponde, no como analista, sino como abuela): ella vicarió en Gatita su propio sentimiento, mezcla de princesita y linyerita.

Durante el día, me pregunto cómo la estará pasando y me doy cuenta de que se las arregló muy bien con ese episodio, porque no hay repetición compulsiva, sino creación y producción de sentido; transformación sobre lo real, no pura repetición de lo displacentero. Y la noche siguiente hace algo que confirma la hipótesis. Me pide cerrar la puerta de nuestro cuarto y al rato golpea. Yo digo: “Pase”. No contesta nadie. Digo: “Adelante”. No contesta nadie. Entonces el abuelo abre la puerta y encuentra la cunita con Gatita adentro. El dice: “Ay, nos dejaron una gatita. ¡Qué maravilla!”. Entonces ella entra, muerta de risa, y dice: “Hay gente que hasta deja chicos”. Yo le contesto: “Qué suerte tiene Gatita de que tiene una mamá y unos abuelos que la quieren tanto, y qué suerte tenés vos que tenés una mamá que ya vuelve”. Ella me mira divertida y agradecida, y se va.

No es que la niña haya disociado lo doloroso, que deba serle reintegrado: no ha establecido una repetición, sino una transformación. Si, por ejemplo, ella hubiera agredido a Gatita y se hubiera sentido con culpa, estaríamos ante un síntoma, pero, en cambio, manifestó la posibilidad de darle a Gatita lo que ella quiere que le den. Esto que quiere que le den, ella lo tiene, pero, aun teniéndolo, tiene miedo de no tenerlo. Por eso mi respuesta: qué suerte tiene Gatita (claro que, en aquel momento, nada de esto se me había ocurrido).

Hacía un tiempo, a Gatita se le había aplastado un poco una patita y la madre le dijo: “¡Ay, me duele mucho!”. Ella le contestó: “No, a mí me duele más porque vos sos la abuela y yo soy la madre, y siempre me dijiste que no hay nada más importante para los padres que los hijos”.

En términos de defensa normal o patológica, me parece que la niña no está quebrantada por el síntoma, sino dedicada a la producción de sentido: ésta permite construir defensas que van modificando el displacer generado inevitablemente por la vida psíquica. Pensando en estas diferencias retomé un concepto que fue primero de Edward Bibring y después de Daniel Lagache. En Bibring es working-off, trabajo de puesta afuera; en Lagache es “mecanismo de desprendimiento”. Bibring propuso mecanismos del yo que convendría diferenciar de los de defensa. Son, diríamos, defensa no patológica, sino saludable (es mejor decir “saludable” y no “normal”, ya que la normalidad puede ser muy insalubre). Estos mecanismos se diferencian de los de defensa en su relación con la compulsión de repetición. Bibring describe diferentes métodos de desprendimiento, como la separación de la libido, el trabajo del duelo, la familiarización con la situación ansiógena.

En Lagache, los mecanismos de desprendimiento del yo no tienen por meta conducir a la descarga, como sucedería con la abreacción, ni hacer de la tensión algo peligroso, como ocurriría con los mecanismos de defensa: su función es disolver progresivamente la tensión y cambiar las condiciones internas que le dan nacimiento.

La puesta afuera, en Bibring, o el mecanismo de desprendimiento de Lagache, serían formas de la creación; formas de la producción simbólica que, a partir del malestar psíquico, permiten un enriquecimiento. En última instancia, la defensa normal sería la posibilidad de establecer transformaciones, de apropiarse de nuevas representaciones, en movimientos por los cuales el sujeto no queda ya librado a la repetición.

El ejemplo de “Gatita” podría haberse presentado en una situación clínica, una niña en análisis que hace ese juego durante un tiempo: en tal caso, se nos plantearía si es pertinente una interpretación o bien una intervención simbolizante: son dos cosas diferentes. La interpretación daría cuenta de un fantasma inconsciente, que sin duda está ahí. Violeta está preocupada, pero al mismo tiempo se siente protegida y en un espacio que le permite desplegar el fantasma. Esto podría ocurrir perfectamente en una sesión analítica. Por lo demás, la interpretación sólo tiene lugar en la situación analítica; fuera del espacio adecuado, jamás se interpreta; a lo sumo, se ayuda a pensar al otro. Les diría que, aun en el espacio analítico, pocas veces se interpreta. Pero, en efecto, en una situación analítica, si un día le duele la panza porque no está la madre y otro día puede establecer ese juego, es posible interpretar el dolor de panza como una equivalencia de la angustia que no puede formular. En cambio, cuando establezca el juego, uno puede hacer una intervención simbolizante, para permitirle nuevas vías de simbolización.

* Fragmento de la clase dictada el 25 de junio de 2007

REDIM Ensayos políticos sobre niñez y adolescencia

Agradezco a la Red por los Derechos de las niñas, niños y adolescentes en México, #REDIM, a la Unión Europea, y a la Embajada de Austria en México, por este (sorpresivo) premio nacional. La Antología de Ensayos Políticos sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes busca visibilizar situaciones de riesgo, y llamar a la acción frente a los diversos tipos de violencia que se ejercen en la actualidad contra la infancia. Seguimos en la lucha.

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Las glotonerías del Superyó

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“Que el cuerpo es un objeto, bien lo sabe el psicoanálisis desde sus orígenes. Un objeto al que se puede amar, odiar, manipular, comprar, vender, cuidar, corromper, profanar, destruir, tanto si se trata del propio como del ajeno. La obsesión por el cuerpo se ha vuelto epidémica en el microclima de Silicon Valley (que en ocasiones merecería escribirse “Sillycon”, con “silly” de “tonto”). El último grito de la moda allí es el ayuno. Jack Dorsey, creador de Twitter y su actual CEO, no come ni bebe durante 22 horas al día, reservándose su pequeña dosis de calorías para la hora de la cena. Según él y muchos otros partidarios de este método, el ayuno es un extraordinario estimulante de la productividad, puesto que aumenta de manera asombrosa la capacidad de concentración y la energía de trabajo. Sus promotores se han vuelto adictos a los efectos euforizantes causados por los cuerpos cetónicos, sustancias que el organismo produce en situaciones de ayuno prolongado y que proporcionan una fuente energética excepcional al cerebro y al corazón.
¿Por qué limitarse a los dispositivos externos si el cuerpo es uno más, perfectamente manipulable de forma digital? A esto se lo denomina “biohacking”, y consiste en un conjunto de técnicas que combinan la bioingeniería y el tratamiento de datos obtenidos por medio del rastreo de ciertas variables orgánicas. El cuerpo no solo es nuestro templo personal, sino un aparato más para ser optimizado desde el punto de vista de la salud, pero sobretodo para extremar su capacidad productiva. La explotación de la fuerza de trabajo (ese concepto que algunos creen obsoleto) redobla toda su vigencia en la propuesta de auto-explotación con el fin de lograr un incremento fantástico del rendimiento. Dado que el término “fast” significa en inglés tanto “ayuno” como “rápido, veloz”, no es muy difícil descubrir una interesante variación de la ferocidad del superyo. La velocidad es un valor supremo para los profetas de las tecnologías. Es interesante conocer las nuevas modalidades de goce que salen de las cabezas pensantes de Silicon Valley. Uno puede privarse de comida y paradójicamente alimentar la glotonería del superyo. No hay duda de que esta gente tiene un verdadero talento para la lógica lacaniana, y nos aporta una novedad clínica. Ahora sabemos que comiendo nada no solo se consigue una anorexia. También podemos obtener un trabajador de alta competición.”

Gustavo Dessal

 

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