Mariela Eula @ Psicoanálisis

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Category Archives: Adolescencia

Freud reconocia la complejidad del Superyó:“no es una abstracción, es una constelación estructural”. El Superyó es una multitud de voces, miradas, personajes significativos. Es la internalización de deseos y tabúes, anhelos y prohibiciones. Día a día va haciéndose cargo del “mundo externo” y de los valores de la cultura. El niño y el adulto necesitan ser amados por su Superyó, como también necesitan ser amados por las personas de su entorno .El Superyó “alberga la consciencia moral, la autoobservación y el ideal del Yo” (Freud,1932). Emite juicios. La piel tiene una facultad natural para distinguir entre frío y caliente. Pero el Superyó distingue entre “bueno” y “malo” sin la ayuda de ninguna facultad innata. El niño se somete al dictamen de aquel que lo socorre en su desamparo. El Superyó es y no es heredero del complejo de Edipo. Lo es porque comenzó esperando amor de las figuras parentales y así se constituyó como instancia intrapsíquica. Y no lo es porque hereda también de múltiples figuras. Congelar el Superyó a los cinco años, como congelar la constitución subjetiva, es ignorar que la historia identificatoria continúa a lo largo de toda la vida.Una serie de acontecimientos le dieron al Superyó una dinámica centrífuga. Y un trabajo de simbolización lo despersonalizó al alejarlo de los objetos parentales. El Superyó es transgeneracional.Las aspiraciones acerca de lo que se debe ser y tener (ideal del yo), así como las consignas acerca de lo no se debe hacer (consciencia moral), están conformadas por las aspiraciones de padres y sustitutos propuestos por la cultura.

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Juego infantil, producción de sentido y “Gatita”. Por Silvia Bleichmar

Papaver

Una niña de seis años está pasando una temporada en la casa de sus abuelos; la madre salió en viaje de trabajo por unos días. Una noche, la nena entra en el cuarto de los abuelos y pide un cepillito para limpiar una caja de plástico que encontró; quiere que se la ayude a armar una cuna para “Gatita”, muñeca que es su objeto transicional favorito. Arma una cuna muy particular, porque es mitad princesita mitad linyerita, digamos. Como almohaditas, pone unas carilinas, y yo le regalo un pañuelo de seda que le encanta (algunos de ustedes ya se han dado cuenta: se trata de mi nieta). Ella me agradece mucho y dice: “Vos sos muy buena porque me diste algo que te gusta, no me diste algo que no te importa”. Con lo cual hace una diferencia entre la caridad y la solidaridad, al rescatar el amor como don de lo que se aprecia. Trabaja mucho tiempo, pega en la cuna fotos de Gatita; el abuelo la ayuda. Violeta lleva a Gatita al otro cuarto, con su cunita. A la mañana siguiente, me despierto pensando que lo sucedido tiene una relación con la ausencia de la madre (me doy cuenta, como me corresponde, no como analista, sino como abuela): ella vicarió en Gatita su propio sentimiento, mezcla de princesita y linyerita.

Durante el día, me pregunto cómo la estará pasando y me doy cuenta de que se las arregló muy bien con ese episodio, porque no hay repetición compulsiva, sino creación y producción de sentido; transformación sobre lo real, no pura repetición de lo displacentero. Y la noche siguiente hace algo que confirma la hipótesis. Me pide cerrar la puerta de nuestro cuarto y al rato golpea. Yo digo: “Pase”. No contesta nadie. Digo: “Adelante”. No contesta nadie. Entonces el abuelo abre la puerta y encuentra la cunita con Gatita adentro. El dice: “Ay, nos dejaron una gatita. ¡Qué maravilla!”. Entonces ella entra, muerta de risa, y dice: “Hay gente que hasta deja chicos”. Yo le contesto: “Qué suerte tiene Gatita de que tiene una mamá y unos abuelos que la quieren tanto, y qué suerte tenés vos que tenés una mamá que ya vuelve”. Ella me mira divertida y agradecida, y se va.

No es que la niña haya disociado lo doloroso, que deba serle reintegrado: no ha establecido una repetición, sino una transformación. Si, por ejemplo, ella hubiera agredido a Gatita y se hubiera sentido con culpa, estaríamos ante un síntoma, pero, en cambio, manifestó la posibilidad de darle a Gatita lo que ella quiere que le den. Esto que quiere que le den, ella lo tiene, pero, aun teniéndolo, tiene miedo de no tenerlo. Por eso mi respuesta: qué suerte tiene Gatita (claro que, en aquel momento, nada de esto se me había ocurrido).

Hacía un tiempo, a Gatita se le había aplastado un poco una patita y la madre le dijo: “¡Ay, me duele mucho!”. Ella le contestó: “No, a mí me duele más porque vos sos la abuela y yo soy la madre, y siempre me dijiste que no hay nada más importante para los padres que los hijos”.

En términos de defensa normal o patológica, me parece que la niña no está quebrantada por el síntoma, sino dedicada a la producción de sentido: ésta permite construir defensas que van modificando el displacer generado inevitablemente por la vida psíquica. Pensando en estas diferencias retomé un concepto que fue primero de Edward Bibring y después de Daniel Lagache. En Bibring es working-off, trabajo de puesta afuera; en Lagache es “mecanismo de desprendimiento”. Bibring propuso mecanismos del yo que convendría diferenciar de los de defensa. Son, diríamos, defensa no patológica, sino saludable (es mejor decir “saludable” y no “normal”, ya que la normalidad puede ser muy insalubre). Estos mecanismos se diferencian de los de defensa en su relación con la compulsión de repetición. Bibring describe diferentes métodos de desprendimiento, como la separación de la libido, el trabajo del duelo, la familiarización con la situación ansiógena.

En Lagache, los mecanismos de desprendimiento del yo no tienen por meta conducir a la descarga, como sucedería con la abreacción, ni hacer de la tensión algo peligroso, como ocurriría con los mecanismos de defensa: su función es disolver progresivamente la tensión y cambiar las condiciones internas que le dan nacimiento.

La puesta afuera, en Bibring, o el mecanismo de desprendimiento de Lagache, serían formas de la creación; formas de la producción simbólica que, a partir del malestar psíquico, permiten un enriquecimiento. En última instancia, la defensa normal sería la posibilidad de establecer transformaciones, de apropiarse de nuevas representaciones, en movimientos por los cuales el sujeto no queda ya librado a la repetición.

El ejemplo de “Gatita” podría haberse presentado en una situación clínica, una niña en análisis que hace ese juego durante un tiempo: en tal caso, se nos plantearía si es pertinente una interpretación o bien una intervención simbolizante: son dos cosas diferentes. La interpretación daría cuenta de un fantasma inconsciente, que sin duda está ahí. Violeta está preocupada, pero al mismo tiempo se siente protegida y en un espacio que le permite desplegar el fantasma. Esto podría ocurrir perfectamente en una sesión analítica. Por lo demás, la interpretación sólo tiene lugar en la situación analítica; fuera del espacio adecuado, jamás se interpreta; a lo sumo, se ayuda a pensar al otro. Les diría que, aun en el espacio analítico, pocas veces se interpreta. Pero, en efecto, en una situación analítica, si un día le duele la panza porque no está la madre y otro día puede establecer ese juego, es posible interpretar el dolor de panza como una equivalencia de la angustia que no puede formular. En cambio, cuando establezca el juego, uno puede hacer una intervención simbolizante, para permitirle nuevas vías de simbolización.

* Fragmento de la clase dictada el 25 de junio de 2007

REDIM Ensayos políticos sobre niñez y adolescencia

Agradezco a la Red por los Derechos de las niñas, niños y adolescentes en México, #REDIM, a la Unión Europea, y a la Embajada de Austria en México, por este (sorpresivo) premio nacional. La Antología de Ensayos Políticos sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes busca visibilizar situaciones de riesgo, y llamar a la acción frente a los diversos tipos de violencia que se ejercen en la actualidad contra la infancia. Seguimos en la lucha.

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El suicidio: Una perspectiva psicoanalítica

Por: Silvia Tubert

El concepto de suicidio, desde el punto de vista clínico, es bastante amplio, puesto que se refiere a manifestaciones muy diversas, que comprenden no sólo los actos suicidas, sino también los intentos de suicidio, e igualmente las ideas, fantasías, amenazas y deseos suicidas, además de los intentos encubiertos, que asumen la forma de actos autodestructivos, accidentes, etc. La di – ferencia existente entre estas diversas manifestaciones tiene una importancia clínica enorme, pues to que supone franquear –o no– el paso desde la representación de la propia muerte a la au – to destrucción real. Sin embargo, la experiencia nos autoriza a postular una “psicodinámica del suicidio” que operaría como sustrato común, ya sea que esa expresión se produzca en actos, pensamientos o palabras, en función de las posibilidades de elaboración simbólica de cada sujeto.

Este artículo se refiere a esa dinámica psíquica.

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¿Relación objetal o relación vincular? Vicisitudes en la construcción de la (inter)subjetividad

“El espacio intersubjetivo entre un hijo y quienes sostienen las funciones parentales, puede advenir relación de objeto o vínculo. La radical diferencia entre ambos es que en el primero ocupa un lugar de objeto de proyecciones de los otros; mientras que el vínculo deviene cuando aún cumpliendo el grupo con la función de transmisión que anuda el contrato narcisista, aloja a la subjetividad naciente como un sistema abierto, descompleto que está por-venir en cada encuentro vincular”.

En este artículo se revisan algunos temas como:

  • El registro pictogramático del vínculo y su importancia tanto en la niñez como en la adolescencia
  • La categoría del extraño y el narcisismo según Sami- Ali
  • La reedición de elementos estructurantes de la niñez en la adolescencia

Los invitamos a leerlo.

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(Por: Lic. Mariana Soler)

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PSICOANÁLISIS INFANTIL: perspectivas. Ricardo Rodulfo

La función política y no solo teórica del psicoanálisis de niños es dar por terminado, después de aprendérselo bien, el psicoanálisis tradicional. En fecha no unívocamente precisable, más o menos hace 50–60 años, el psicoanálisis de niños empieza su advenimiento cuando Winnicott practica, apoyado en su posición de pediatra, un giro: empezar de nuevo, desde la experiencia de estar con el bebé y con el niño, de asistir al desenvolvimiento del jugar. Decir entonces, que el psicoanálisis de niños tiene su punto de partida histórica en el historial de Hans es equivalente a festejar el 12 de octubre como el día del descubrimiento de América. Aquí y allá, descubrimiento tiene idéntica función encubridora a desconstruir

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La juventud y la época: temeridad y cobardía en el joven contemporáneo.

En el presente artículo se revisa el concepto de juventud desde diferentes ángulos teóricos, se examinan los procesos psíquicos que se dan durante esta etapa vital. Se reconoce lo particular de la época contemporánea para contextualizar la situación del joven como sujeto que responde a las condiciones del discurso del presente. Finalmente, se enumeran y revisan las patologías psíquicas de la juventud de hoy a nivel individual, así como en la conformación de la pareja y en el establecimiento del grupo familiar.

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First Phase Digital

Publicado originalmente en: http://revistas.ces.edu.co/index.php/psicologia/article/view/352/199

Gabriel Rolón: Entrevista

En esta entrevista, el psicoanalista argentino Gabriel Rolón nos habla de temas de interés general: la niñez actual, aceptación de la pareja, divorcio, rol femenino, fidelidad, amor, etc.

Gabriel Rolón (nacido el 1 de noviembre de 1961), es un psicoanalista, escritor y cantante argentino, famoso por su participación en varios programas de radio y televisión. Es autor del superventas Historias de Diván.

Ciberacoso, conócelo y evítalo

10 Razones para No golpear a los niños.

Los niños que obedecen por miedo al castigo nunca aprenden a determinar cómo suceden las cosas, ni a resolver conflictos de manera empática y satisfactoria. Su autoestima se ve destruida debido a la humillación que producen los maltratos. Esto no quiere decir que los padres no deban ser firmes en la educación de sus hijos. La firmeza ayuda al niño a entender límites y normas de convivencia, dentro y fuera de la familia.

Por otra parte, cualquier método que promueva la comunicación y el respeto mutuo puede ser efectivo para lograr buenos resultados; aunque, sin lugar a dudas, la mejor forma de enseñarle a un niño una conducta, una actitud, o un valor, es practicándolo. Los niños son grandes imitadores de sus padres.

Entonces: ¿Es usted capaz de ser todo aquello que quiere que sea su hijo?

 En este artículo, Jan Hunt enumera 10 razones para no golpear a sus hijos. Aunque existen muchísimas más, esta síntesis resume muy bien algunos puntos ampliamente desarrollados en otros textos de «Project NoSpank»

10 RAZONES PARA NO GOLPEAR A LOS NIÑOS: LEER.

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El Castigo Físico Contra los Niños y sus Consecuencias.

Hablando Claro Sobre el Castigo Físico Contra los Niños
Jordan Riak

Traducción de Martín Lamarque

Edición 2011

SPANK

A menudo, las críticas a los métodos de crianza tradicionales son recibidas con sospecha, renuencia y hostilidad. Si tal conservadurismo fundamental de la naturaleza humana se expresara con palabras, tal vez diría algo parecido a esto:

«Si los métodos viejos funcionaron tan bien con las generaciones pasadas, seguramente funcionarán con las futuras. No traten de arreglar algo que no está descompuesto. No echen a perder lo que es exitoso. A veces, para hacerlo entender, todo lo que necesita el niño es una buena nalgada. Una buena nalgada nunca le hizo daño a nadie. Así es como a mí me criaron, y salí bien.»

Pero en verdad, ¿qué tan bien salimos?

Tarde o temprano tenemos que aceptar que no todas las tradiciones familiares son iguales. Tal vez, en algunos casos, han vuelto nuestras vidas más precarias e infelices de lo necesario. Y quizás–sólo quizás–no salimos tan ‘bien’ como quisiéramos hacernos, y hacer a otros, creer.

Cuando elogiamos el trato que nuestros padres nos dieron de pequeños, ¿no será que simplemente estamos tratando de encontrar aprobación para nuestro comportamiento similar actual? ¿Tratando de convencernos de que la forma en que queremos recordar las cosas, es la forma en que realmente ocurrieron y debieran ser preservadas? Hagámosle la prueba al argumento de “Yo salí bien”, examinando algunos ejemplos reales de mi infancia, y vea si también se aplican a usted.

  1. Había ceniceros por toda la casa. Mis padres fumaban, como también lo hacían casi todos los adultos que nos visitaban. El olor a humo de cigarros, puros y pipas, estaba siempre presente. A nadie le importaba. De hecho, no hubo un día de mi niñez que yo no fuera expuesto al humo de tabaco. Y como mi madre fumó durante el embarazo, hasta en su vientre fui expuesto. Y sin embargo, salí bien.
  2. El primer coche de familia que recuerdo, era un Chevrolet sedán modelo 1937. No tenía cinturones de seguridad. Cuando viajábamos, simplemente se me echaba en el asiento trasero, con la expectativa de que la fuerza de gravedad me mantendría allí. Lo cual hizo. Y sin embargo, salí bien.
  3. Todos los lugares en los que viví cuando niño estaban pintados con pintura a base de plomo. Y sin embargo, salí bien.
  4. Durante toda mi niñez y adolescencia monté bicicletas, pero nunca usé ningún tipo de protección para la cabeza. Y sin embargo, salí bien.

¿Será que mi familia fue sabia, o simplemente corrimos con suerte? En la actualidad, no hacemos ninguna de esas cosas. No asumimos tales riesgos, ni exponemos a nuestros hijos a riesgos parecidos—no si estamos conscientes de ellos.


CASTIGO FÍSICO – Las verdades

Los efectos duraderos

La investigación actual en las áreas de salud mental y desarrollo infantil, apoya la teoría de que los actos violentos en contra de un niño, sin importar qué tan breves y leves sean, equivalen a exponer al niño a una toxina. La exposición repetida a esa toxina tiene un efecto acumulativo y duradero. Hasta cierto punto, esto es algo que podemos comprobar por experiencia personal. La mayoría de nosotros, tendríamos que reconocer que los recuerdos más vívidos y desagradables de nuestra niñez son los de haber sido maltratados por nuestros padres. Hay personas cuyos recuerdos de tales incidentes son tan perturbadores, que pretenden que fueron ordinarios y hasta graciosos. Notará usted que sonríen al describir la manera en que fueron castigados. Es vergüenza, no placer, lo que les hace sonreír. Como protección contra el dolor actual, tienen que disfrazar el recuerdo de sentimientos pasados.

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