Mariela Eula @ Psicoanálisis

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Responsabilidad subjetiva y psicoanálisis

¿Quién gana con la enfermedad?

 

Por: Bruno Bonoris.

La clínica de la “responsabilidad subjetiva” se soporta en una de las premisas fundamentales del psicoanálisis: el síntoma es una satisfacción sustitutiva. Lo que el paciente debe aceptar es su responsabilidad sobre el padecimiento en la medida en que la persistencia del síntoma se debe a la “satisfacción personal” que este implica… Sostener que el analizante es responsable por su síntoma porque extrae de él una ganancia es, lisa y llanamente, falso… Por otra parte el psicoanálisis demuestra que el sufrimiento psíquico no es una falta de adaptación a la realidad, sino un exceso…

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En los últimos años comenzó a discutirse persistentemente, dentro del ámbito del psicoanálisis lacaniano, la noción de “responsabilidad subjetiva”. Se escribieron muchísimos trabajos, y se dictaron conferencias, cursos, seminarios y jornadas. En efecto, no creo que éste sea, sencillamente, un problema teórico de moda. Por el contrario, entiendo que si este tema se volvió tan importante es porque derivó en una orientación clínica específica.

En pocas palabras, la hipótesis principal de esta orientación sostiene que el paciente debe, para realizar un cambio en su posición subjetiva, “hacerse responsable de aquello mismo de lo que se queja”[1].

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¿Qué es el deseo?

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Término empleado en filosofía, psicoanálisis y psicología para designar a la vez la tendencia, el anhelo, la necesidad, la avidez, el apetito: es decir, toda forma de movimiento en dirección a un objeto cuya atracción espiritual o sexual es experimentada por el alma y el cuerpo.
En Sigmund Freud, la noción es empleada en el marco de una teoría del inconsciente para designar a la vez la tendencia y la realización de la tendencia. En este sentido, el deseo es la realización de un anhelo o de un voto inconsciente.

Entre los sucesores de Freud, sólo Lacan ha conceptualizado la noción de deseo en psicoanálisis a partir de la tradición filosófica, para hacer de ella la expresión de una codicia o un apetito que tiende a satisfacerse en lo absoluto, es decir, fuera de toda realización de un anhelo o una tendencia.

El término Begierde remite la filosofía de la conciencia del sujeto, tal como se desarrolló en el siglo XIX a partir de la publicación de la Fenomenología del espíritu de Hegel. La conciencia en el sentido hegeliano reconoce al otro en tanto en él se encuentra así misma.
La relación con el otro pasa entonces por el deseo: la conciencia sólo se reconoce en un otro (es decir, en un objeto imaginario) en la medida en que, a través de ese reconocimiento, pone a ese otro como objeto de deseo.

El otro por lo tanto es el objeto del deseo que la conciencia desea en una relación negativa y especular que le permite reconocerse en el. Al mismo tiempo, cuando se destaca la relación negativa con el objeto del deseo, la conciencia, convertida en conciencia de sí, descubre que el objeto no está en el exterior de ella, sino en ella. La conciencia debió pasar por el otro para volver a sí misma con la forma del otro. Esta es la definición de Hegel del movimiento del deseo que conduce a la satisfacción. La conciencia sólo puede decir “yo” con relación a un otro que le sirve de soporte: yo me reconozco en el otro en la medida en que lo niego como otro.

Sin prestar atención a la tradición filosófica, Freud no emplea el término Begierde, sino Wunsch, que significa voto o anhelo, sin idea de codicia o reconocimiento de uno mismo por el otro y del otro por uno mismo. Además, emplea la palabra Lust en el sentido de pasión o tendencia, para definir lo que llama el principio del placer, es decir, una actividad que tiende a evitar toda forma de displacer: algo destructivo, que para Lacan será el goce.

En Freud, el deseo (Wunsch) es ante todo el deseo inconsciente. Tiende a cumplirse y a veces a realizarse. Por ello desde un primer momento está ligado a la nueva concepción del sueño, el inconsciente, la represión y el fantasma. De allí la definición siguiente, que no cambiará: el deseo es deseo inconsciente y realización del deseo. En otras palabras, la definición freudiana del deseo está en el sueño: el sueño es la realización de un deseo reprimido, y el fantasma, la realización alucinatorios del deseo en sí.

Aunque no tome en cuenta la idea de reconocimiento, Freud no identifica el deseo con la necesidad (biológica). En efecto, la necesidad se satisface con objetos adecuados, como por ejemplo la comida, mientras que el deseo está ligado a huellas mnémicas, a recuerdos. Se realiza en la reproducción a la vez inconsciente y alucinatoria de percepciones, convertidas en “signos” de la satisfacción. Según Freud, estos signos tienen siempre un carácter sexual, puesto que en el deseo siempre está en juego la sexualidad.
En La interpretación de los sueños se encuentran todos los ejemplos clínicos que permiten ilustrar esta teoría freudiana del deseo, en la cual la teoría inglesa, desde Melanie Klein, hasta Winnicott, añadió después otra dimensión: la relación de objeto, basado en el clivaje, el odio y la destrucción (envidia, objeto bueno y malo), o en la transitividad (objeto transicional).

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Lacan, por su parte, no opone una filosofía del deseo a una biología de las pasiones, pero utilizo un discurso filosófico para conceptualizar la perspectiva freudiana, a su juicio insuficiente. Establece entonces un vínculo entre el deseo fundado en el reconocimiento (o deseo del deseo del otro) y el deseo inconsciente (realización en el sentido freudiana).
Al hacerlo, diferencia más que Freud el deseo de la necesidad. Acercándose a Hegel y su idea de reconocimiento, Lacan introduce en 1953 un tercer término, que designó con la palabra “demanda“. La demanda se dirige a otro, y en apariencia se refiere a un objeto. Pero ese objeto es inesencial, porque la demanda es demanda de amor. En otras palabras, en la terminología de Lacan, la necesidad, de naturaleza biológica, se satisface con un objeto real (la comida), mientras que el deseo inconsciente nace de la distancia entre la demanda y la necesidad. Se basa en un fantasma, es decir, en un otro imaginario. Es por lo tanto deseo del deseo del otro, en cuanto que trata de ser reconocido absolutamente por él, al precio de una lucha a muerte que Lacan identifica con la famosa dialéctica hegeliana del amo del esclavo.


 

Fuente: ROUDINESCO E., PLON M, Diccionario de Psicoanálisis, Paidós. Pgs 217-18




 

¿Qué es el Goce?

En esta oportunidad, daremos respuesta a esta pregunta desde el pensamiento de algunos referentes del campo psicoanalítico.

Raramente utilizado por Freud, el término goce aparece como concepto específico en la obra de Jacques Lacan.

Ligado primeramente placer sexual, el concepto de goce implica la idea de una transgresión de la ley: desafío, sumisión o burla. El goce participa así de la perversión, teorizada por Lacan como una de las componentes estructurales del funcionamiento psíquico, distinta de las perversiones sexuales.

Posteriormente, el goce fue re pensado por Lacan en el marco de una teoría de la identidad sexual, expresada en fórmulas de la sexo acción, las cuales llevan a distinguir el goce fálico y el goce femenino (o goce llamado suplementario)

El término goce tiene una dimensión jurídica, ligada a la idea de usufructo, que define el derecho de goce sobre un bien perteneciente al otro. En 1503 se enriqueció con una dimensión hedonista, convirtiéndose en sinónimo de placer, gozo, bienestar y voluptuosidad.

Retomando el ejemplo de Jean Laplanche, es posible identificar-precisamente en el momento en que el infante, con su necesidad orgánica satisfecha, nos entrega ya tanto a la succión como el chupeteo-el nacimiento de esa actividad repetitiva del registro del goce que marca la entrada en la fase del autoerotismo. Esta misma fase del desarrollo psíquico, re pensada por Lacan a fines de la década de 1950, lo condujo a las primeras formulaciones de su concepto de goce. Elaborando la distinción entre necesidad, demanda y deseo, Lacan señaló que es el otro, la madre o su sustituto, quien confiere un sentido a la necesidad orgánica expresada sin intencionalidad por el lactante la satisfacción obtenida por la respuesta a la necesidad induce la repetición del proceso, su tendido por la investidura pulsional: la necesidad se vuelve entonces demanda propiamente dicha, sin que por ello pueda recuperarse el goce inicial, el del pasaje de la succión el chupeteo. El Otro originario sigue siendo inalcanzable, bloqueado por la demanda que se ha vuelto ilusoriamente primera.

Este otro, objeto de esa demanda imposible, se convierte, en el seminario de 1959-1960, La ética del psicoanálisis, en la Cosa (das Ding) , objeto imposible, “fuera de significado”.
Lacan traza entonces una distinción esencial entre placer y goce; el goce reside en el intento permanente de exceder los límites del principio de placer. Éste movimiento, ligado a la búsqueda de la cosa perdida, que falta en el lugar del otro, es causa de sufrimiento, pero sufrimiento no erradica nunca por completo la búsqueda del goce.

En su artículo “Kant con Sade”, Lacan pretende demostrar que el goce se sostienen la obediencia del sujeto mandato, sean cuales fueren su forma y su contenido, lo que lo lleva, al abandonar lo que hay allí de su deseo, a destruirse la sumisión al Otro (gran otro).
Lacan elaboró posteriormente su teoría del proceso de la sexo acción, según la cual para el hombre no existe más que un goce fálico, es decir limitado, sometido a la amenaza de castración, goce fálico que constituye el identidad sexual del hombre.

Para las mujeres en cambio no hay un equivalente del padre originario, el goce esperado, a pesar de ser igualmente imposible para la mujer, no sufre sin embargo la interdicción de la castración. El goce femenino es por lo tanto distinto, y sobre todo no tiene límites. Es un goce suplementario. La existencia de este goce suplementario, incognoscible por y para el hombre, pero indecible para las mujeres, funda el aforismo lacaniano, a menudo prostituido, según el cual “no hay relación sexual“, desarrollado en el marco del seminario… O peor. Lacan, de esta manera, teoriza el goce femenino desprendido de toda referencia biológica o anatómica; perspectiva que será utilizada desde un enfoque diferencia lista, principalmente por autores que intentan elaborar los marcos teóricos de una identidad femenina. (1)

Con frecuencia se utiliza el concepto de “goce” como equivalente de “placer”. Sin embargo, el goce no está regido por el principio del placer, sino por “el más allá o el más acá” del principio del placer. Dice Silvia Bleichmar:

En términos teóricos y de fecundidad clínica, yo diferenciaría el goce como algo en lo que el sujeto queda fijado bajo una forma en la cual es acpturado y que tiene la característica de ejercerse siempre sobre una forma en la cual – Lacan diría- no se encadena o no se articula en la cadena significante; en realidad, queda suelto. En términos clínicos, les diría que lo que caracteriza al goce es que el sujeto no es el que goza, sino que el goce es el que atrapa al sujeto. Vale decir, que es una forma de resolucion de la tension libidinal, psíquico somática, relacionada con una forma de descarga en la cual el sujeto queda fijado y que no se puede lograr articular en el conjunto de su vida psíquica; el goce, pues, captura una enorme cantidad de libido para organizarse, que , por supuesto, no entra dentro del plano de subjetivación“. (2)

Al no estar regido por el principio del placer, no logra nunca una estabilidad psíquica como la que se articula en el principio del placer.

En la medida que no hay subordinación al principio del placer, no hay placer en el sujeto, sino atrapamiento en el goce como forma de descarga” Por ello, la compulsión es la manera que, en muchos casos, se manifiesta el ejercicio del goce. (3)

Desde una perspectiva lacaniana, podría decirse que cuando impera el goce desaparece la palabra y prevalece la acción. Juan David Nasio nos dice que, mientras el placer es una sensación percibida y sentida por el yo, el goce se hace oír por medio de acciones ciegas, sean productivas o no. Por ejemplo, la acción de un pintor que pinta fuera de sí un cuadro, o el impulso suicida de un conductor que roza la muerte al conducir arriesgadamente. En el goce, el sujeto está ausente, no habla ni piensa. “Lacan, insipirado en el cogito de Descartes, hubiera puntuado la posición del sujeto en el estado de goce enunciado: Soy allí donde no pienso” (4)

El sujeto del inconsciente siempre está marcado por una representación. En el goce hay ausencia de significante representativo. Por esa razón, cuando hay goce nadie goza en realidad: no gozamos de algo sino que algo goza de nosotros. Sin embargo, mientras que el placer aparece y desaparece, el goce siempre está allí, pues el goce es la fuerza que asegura la repetición.

Agrega J.D.Nasio: “Si tuviera que establecer un paralelo entre el concepto lacaniano de goce y la teoría freudiana de la repetición, concluiría identificando el goce con lo que Freud denomina la compulsión a la repetición. Si hay un concepto freudiano cercano al goce concebido como la fuerza que asegura la repetición, entendido como la tendencia irreductible en el humano a vivir, sin duda, hacia adelante, pero tratando de completar los actos esbozados en el pasado. Toda la fuerza de la vida está allí” (5)

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¡Gracias!

(1) ROUDINESCO, Elisabeth; PLON, Michel. Diccionario de psicoanálisis, Paidós.

(1) BLEICHMAR, Silvia. La construcción del sujeto ético. Argentina, Paidós. Pg.312

(2) Ibid

(3) NASIO, Juan David. Cinco lecciones sobre la teoría de Jacques Lacan. España, Gedisa. Pgs 52-54

(4) Ibid. pg. 55

EL LUGAR DEL PADRE en psicoanálisis

Es posible identificar en las obras de Sigmund Freud, Jacques Lacan y Donald Winnicott contribuciones metapsicológicas a la problemática del complejo paterno, continuidades y discontinuidades internas en las obras de cada autor en relación con este problema, así como divergencias y convergencias entre dichas contribuciones.

¿Cuáles son esas contribuciones metapsicológicas, divergencias y convergencias entre S. Freud, J. Lacan y D. Winnicott?

El libro de Sebastián León intenta dar respuesta a ese interrogante. 

LEER AQUÍ

(Fuente externa: https://miguelparedesblog.wordpress.com/)

ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DEL LENGUAJE EN EL PSICOANÁLISIS

Por: Fabián Becerra-Fuquen. fabian.bfuquen@gmail.com

El presente trabajo expone algunas consideraciones que permiten comprender el desarrollo del lenguaje en el psicoanálisis, realizando una aproximación al lenguaje en Sigmund Freud, por una parte, se expone el uso la palabra como elemento que evidencia un contenido que excede a la consciencia, por otro lado, se aborda el concepto de representación y su relación con la imagen acústica en Saussure, y para finalizar un análisis al trabajo del sueño que establece el punto de encuentro entre Freud y Lacan respecto a la comprensión del lenguaje.

El presente texto expone algunas consideraciones acerca del lenguaje en el psicoanálisis, con los que se traza tan sólo un inicio del basto mundo del lenguaje en el Psicoanálisis, es decir, se realiza una introducción al lenguaje en el psicoanálisis, por lo que se cree que estas consideraciones puedan dar lugar a una mejor y mayor comprensión a la teoría del lenguaje en la disciplina del inconsciente, incitando al lector a mejorar y continuar tal proceso.

Ahora bien, este proceso inicia a partir de una aproximación al lenguaje en Sigmund Freud, donde se expone en primera instancia la incursión de la palabra como elemento que evidencia un contenido que excede a la consciencia, es decir, por medio de la palabra Freud da cuenta de lo inconsciente y por tanto da lugar al psicoanálisis, por otro lado se expone el concepto de representación (Vorstellung) en Freud y su relación con la imagen acústica en Saussure, y para finalizar se aborda el trabajo del sueño a partir de los mecanismos de la condensación y el desplazamiento, que establece el punto de encuentro entre Freud y Lacan respecto a la comprensión del lenguaje, con la analogía que este último establece entre los mecanismos del sueño (condensación y desplazamiento) y algunos elementos del lenguaje como la metáfora y la metonimia, pudiendo observar que lo inconsciente sigue las leyes del lenguaje y dejando el punto abierto, para que el lector se plantee la pregunta por el lenguaje en el psicoanálisis pero ahora, en los postulados de Jacques Lacan.

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La violencia contemporánea, por Eric Laurent

“La época vive una fascinación por la violencia”

ERIC LAURENT

El psicoanalista francés Eric Laurent, a horas de aterrizar en la Argentina (año 2012) para participar de las jornadas anuales de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL), dijo que en gran parte del mundo contemporáneo se vive una fascinación por la violencia contra uno mismo y contra los otros.

En esta entrevista, el autor intenta dar respuesta a los siguientes interrogantes: La dietética, la pedagogía, el biopoder, la genética, etcétera. ¿De qué manera esas prácticas, esos saberes, tocan al cuerpo del sujeto del discurso de la ciencia? ¿Existe una diferencia entre el sujeto, capturado por el discurso de la ciencia, y lo real que agita a ese sujeto, ese real que se presenta como inasimilable, irrepresentable, imposible de mensurar? ¿Es posible que el sujeto delcomún (del que habla Toni Negri), bajo estas condiciones, sea capaz de pensar una política emancipatoria, teniendo en cuenta los reparos que Lacan tenía al respecto? Finalmente, en la película Das experiment, de Oliver Hirschbiegel, ¿existiría alguna clave para entender por qué el psicoanálisis de orientación lacaniana está condenado a sobrevivir en este mundo que decidió sepultar la relación del sujeto con su finitud, y se entregó a la acción-reacción del cognitivismo social?

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