Mariela Eula @ Psicoanálisis

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TODOS SOMOS, ORIGINARIAMENTE, HEMBRAS. (EL ERROR DE LA MASCULINIDAD ATRIBUIDA AL ÓRGANO)

“Diferenciación entre el hombre y la mujer” es el título que Freud elige para el apartado IV de Tres Ensayos ya que sostiene: “Como se sabe sólo en la pubertad se establece la separación tajante entre el carácter masculino y el femenino, una oposición que después influye de manera más decisiva que cualquier otra sobre la trama vital de los seres humanos” (pág.200)

(…) “Si se quiere comprender el proceso por el cual la niña se hace mujer, es menester perseguir los ulteriores destinos de esta excitabilidad del clítoris. La pubertad, que en el varón trae aparejada aquel gran empuje de la libido, se caracteriza para la muchacha por una nueva oleada de represión, que afecta justamente a la sexualidad del clítoris. Es un sector de la vida sexual masculina que así cae bajo la represión” (pág.201)

En el libro: “La sexualidad femenina, de la niña a la mujer”, Emilce Dio Bleichmar agrega:

“Sabemos gracias a los posteriores hallazgos de la embriología sobre la inexactidud de estas apreciaciones de Freud. El código genético desencadena la liberación bioquímica que desarrolla el tejido embrionario en alguna de las dos direcciones. Uno de los hallazgos más sorprendentes es que sólo si una parte del cerebro fetal, el hipotálamo, es activado por andrógenos, el desarrollo masculino se pone en marcha. El estado neutro, de reposo o inicial para los mecanismos centrales del sexo, así como los rudimentos de los órganos sexuales y sus aparatos anexos, son FEMENINOS; si el aflujo normal de andrógenos se ve bloqueado, retoma el comando el cerebro femenino. Aparentemente, el cerebro consiste en un sistema anatómico único, y sólo si es activado, la “roca” para la masculinidad se implanta, si no, permanece FEMENINO. Embrionariamente hablando, el cerebro humano es un CEREBRO HEMBRA, que si recibe – en un determinado período crítico, la octava semana – el empuje de los andrógenos liberados por la presencia del cromosoma Y, entonces se masculiniza. A su vez, el pene resulta de la androgenización del clítoris. De manera que no es posible seguir sosteniendo que el clítoris sea ni embriológica, ni anatómicamente un órgano masculino”.

De manera que la clínicamente correcta observación de Freud (existe una ola de represión en la niña durante la pubertad) tiene un error: la niña reprime, pero no por fálica, ni por un componente mayor de bisexualidad biológica, ni por masculinidad alguna, ya que ésta permite y legitima toda forma de sexualidad. Al llegar a la pubertad reprime en razón de su feminidad. Léase: de su género.

[Emilce Dio Bleichmar, 1997]
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TEORÍA Y TÉCNICA DE PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA

Ismail YILDIZ, MD, MSc., Psicoanalista.

CONTENIDOS

 

CAPÍTULO I. INTRODUCCIÓN

I.1. Teoría de la neurosis

I.2. Teorías y psicoterapia analítica

I.3. ¿Qué es psicoterapia analítica?

I.4. Metas e indicaciones de psicoterapia analítica

I.4.1. Las limitaciones de la psicoterapia analítica

I.4.2. Lo que la terapia analítica requiere del paciente

 

CAPÍTULO II. COMPONENTES DE LA TECNICA PSICOANALÍTICA

II.1. Situación analítica

II.1.1. El encuadre

II.1.2. El proceso analítica

II.2. Producción de material

II.2.1. La asociación libre y los sueños

II.2.2. Las reacciones transferenciales

II.2.3. La neurosis de transferencia

II.2.4. La contratransferencia

II.2.5. Las resistencias

II.3. Análisis del material del paciente (Confrontación, aclaración, interpretación y translaboración)

II.4. Procedimientos y procesos terapéuticos no analíticos

II.4.1. La abreacción o la catarsis,

II.4.2. La sugestión

II.4.3. La persuasión

II.4.4. La manipulación

II.5. Alianza de trabajo

II.6. Importancia de la técnica

 

CAPÍTULO III. ETAPA INICIAL DE PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA

III.1. Entrevistas y Evaluación

III.2. Determinar el encuadre

III.3. Finalización de una sesión

III.4. ¿Qué sucedería si el paciente…?

III.5. Motivos de preocupación de los pacientes en la etapa inicial

III.6. Alianza de trabajo

III.7. Manera de escuchar

 

CAPÍTULO IV. TERAPEUTA PSICOANALÍTICO

IV.1. Destrezas

IV.1.1. Entender lo inconsciente

IV.1.2. La comunicación con el paciente

IV.1.3. La facilitación de la formación de la neurosis de transferencia y la alianza de trabajo

IV.2. Rasgos de personalidad y carácter del terapeuta.

IV.2.1. Los rasgos relacionados con el entendimiento de lo inconsciente

IV.2.2. Los rasgos relacionados con la comunicación con el paciente

IV.2.3. Los rasgos relacionados con el fomento de la neurosis de transferencia y la alianza de trabajo

IV.3. Motivaciones

IV.4. Más sobre el terapeuta

IV.4.1. Los conflictos y problemas del terapeuta

IV.4.2. ¿Existen ciertos rasgos de personalidad del terapeuta que pueden facilitar la tarea?

IV.4.3. ¿Existen determinados conflictos y problemas del terapeuta que pueden interferir con la eficiencia de la terapia?

IV.4.4. Los aspectos cognitivos

IV.4.5. La contratransferencia

IV.4.6. El tacto, la calidez y la solicitud

 

CAPÍTULO V. INTERPRETACIONES Y SUS PRINCIPIOS

V.1. Profundidad

V.2. Simplicidad

V.3. Ofrecimiento

V.4. Utilidad

V.5. Otros principios de interpretación

V.6. A evitar

V.6.1. Las conexiones

V.6.2. La adopción de una actitud didáctica, de maestro, de sermón

V.6.3. El consejo implícito en la interpretación

V.6.4. La crítica implícita en la interpretación

 

CAPÍTULO VI. ETAPA INTERMEDIA DE PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA

VI.1. Algunas características

VI.1.1. La resistencia al cambio

VI.1.2. La dependencia

VI.1.3. El impase y la crisis

VI.1.4. El proceso terapéutico

VI.1.5. La experiencia analítica

VI.2. Silencio

VI.3. Lo consciente y lo inconsciente, el pensamiento y los sentimientos

VI.4. Sobredeterminación de la conducta

 

CAPÍTULO VII. RESISTENCIAS

VII.1. Definición

VII.2. Modos de aparición clínica de resistencia

VII.3. Teoría de la resistencia

VII.3.1. El examen histórico

VII.3.2. La resistencia y la defensa

VII.3.3. La resistencia y la regresión

VII.4. Clasificación de las resistencias

VII.4.1. Según el origen de la resistencia

VII.4.2. Según los puntos de fijación

VII.4.3. Según los tipos de defensa

VII.4.4. Según la categoría diagnóstica

VII.4.5. Una clasificación práctica

VII.5. Técnica del análisis de las resistencias

VII.5.1. Las condiciones preliminares

VII.5.2. El reconocimiento

VII.5.3. La confrontación

VII.5.4. La aclaración

VII.5.5. La interpretación

VII.5.6. Los problemas especiales en el análisis de resistencias

VII.6. Reglas de la técnica relativa a la resistencia

 

CAPÍTULO VIII. TRANSFERENCIAS

VIII.1. Definición

VIII.2. Características generales

VIII.2.1. La impropiedad

VIII.2.2. La intensidad

VIII.2.3. La ambivalencia

VIII.2.4. Los caprichos

VIII.2.5. La tenacidad

VIII.3. Consideraciones teóricas

VIII.3.1. El origen y la índole de las reacciones de transferencia

VIII.3.2. La neurosis de transferencia

VIII.4. Alianza de trabajo

VIII.4.1. La definición

VIII.4.2. El desarrollo

VIII.4.3. Los orígenes de la alianza de trabajo

VIII.4.4.La verdadera relación entre paciente y analista

VIII.5. Clasificación clínica de las reacciones de trasferencia

VIII.5.1. La transferencia positiva y negativa

VIII.5.2. Según las relaciones de objeto

VIII.5.3. Según las fases libidinales

VIII.5.4. Según el punto de vista estructural

VIII.5.5. Según la identificación

VIII.6. Resistencias de trasferencia

VIII.6.1. La búsqueda de gratificación transferencial

VIII.6.2. Las reacciones de transferencia defensivas

VIII.6.3. Las reacciones de transferencia generalizadas

VIII.6.4. La actuación de las reacciones de transferencia

VIII.7. Técnica del análisis de la trasferencia

VIII.7.1. Las consideraciones generales

VIII.7.2. La salvaguardia de la transferencia

VIII.7.3. ¿Cuándo analizar la transferencia?

VIII.7.4. Los pasos técnicos para analizar la transferencia

VIII.7.5. Los problemas especiales en el análisis de las reacciones de transferencia.

 

CAPÍTULO IX. ETAPA FINAL DE PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA

IX.1. Características

IX.2. Algunos de los problemas

IX.4. Última sesión.

 

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PERSPECTIVAS PSICOANALÌTICAS DE PAREJA Y DE FAMILIA

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Autor: Ismail YILDIZ, MD, MSc., Psicoanalista. Miembro Titular de Asociación Psicoanalítica Colombiana (APC), Federación Psicoanalítica de America Latina (FEPAL) e International Psychoanalytical Association (IPA).

CONTENIDOS

 CAPÍTULO I. ELECCIÓN DEL COMPAÑERO DE PAREJA

I.1. Introducción

I.2. Factores de vinculación según la visión sociobiológica y etológica de pareja y de familia

I.2.1. Solicitación de asistencia y la imploración infantil

I.2.2. La solidaridad en el combate y la vinculación por el miedo

I.2.3. El vínculo sexual

I.3. Los factores conscientes de elección del compañero de pareja

I.4. Los factores inconscientes de elección del compañero de pareja

I.4.1. Lenguajes y modos de interpretación en la pareja

I.4.2. El inconsciente y la elección del compañero de pareja

I.4.2.1. Datos psicoanalíticos iniciales

1- La especificidad de un tipo de elección conyugal

2- La elección referida a las imágenes parentales

3- Elección de objeto y pulsiones pregenitales

4- Elección conyugal y organización defensiva

I.4.2.2. Datos psicoanalíticos posteriores

1- Escisión, idealización y elección de compañero de pareja

2- Diferentes maneras de limitar la relación para mantener la idealización de un objeto bueno

3- Racionalizaciones justificadoras de la idealización

4- Elección de tipo de relación y lucha contra la depresión

5- Elección de un compañero de pareja como protección contra el riesgo de un amor intenso (more…)

PATOGÉNESIS Y TÉCNICA PSICOANALÍTICA

“El enfoque modular‐transformacional, en definitiva, nos propone, como aporte fundamental, diferentes formas de inscripción inconsciente posibles para cada uno de los deseos. Así, gracias a los desarrollos del inconsciente complejo (Bleichmar, 1997, 1999 y 2001), podemos superar la idea de la represión (básicamente, la represión secundaria) como única forma de inscripción de los deseos. Se abre, entonces, un amplio abanico de posibilidades en el que nos encontramos con aquellos deseos no constituidos, ya sea porque no se inscribieron originariamente en lo inconsciente o porque se desactivaron sectorialmente en un momento ulterior. Es evidente que esto supone un enorme reto en el trabajo analítico, ya que son pacientes en los que no hay nada que desvelar, nada de lo que entresacar un significado oculto. Es decir, no hay nada que des‐reprimir, sino algo que construir en la terapia”

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Formulación psicodinámica del caso

Resumen

La formulación psicodinámica del caso (fpc) parte de la perspectiva psicoanalítica para formular un caso clínico. Se refiere a la hipótesis del clínico tratante sobre los principales problemas del paciente, los factores que lo condicionan, el tratamiento planteado y su evolución. Las preguntas básicas a las que debe responder una formulación son los interrogantes básicos de la clínica:1) ¿qué le pasa al paciente (dimensión diagnóstica); 2) ¿a qué se debe? (dimensión etiopatogénica); 3) ¿cómo se trata? (dimensión terapéutica), y 4) ¿con qué resultados? (dimensión evolutiva). Debe incluirse como un anexo a la historia clínica de entre 500 y 1.000 palabras. En este trabajo se destacan los elementos de la teoría psicoanalítica que mejor permiten responder a estas preguntas. Se toman contribuciones que reflejan avances actuales del conocimiento psicoanalítico, sostenidos por una fuerte evidencia clínica y empírica, el Manual de diagnóstico operacionalizado, OPD2, el Manual de diagnóstico psicodinámico, pdm y la escala de niveles de funcionamiento de la personalidad (lpfs) de la Sección iii del DSM-5. Estos aportes convergentes son de utilidad para la fpc y han sido tomados como base para este trabajo. Se propone una guía para la formulación psicodinámica del caso que orienta en los contenidos que deben ser incluidos.

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Manual para la elaboración de una  psicodinamia

¿Qué es el deseo?

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Término empleado en filosofía, psicoanálisis y psicología para designar a la vez la tendencia, el anhelo, la necesidad, la avidez, el apetito: es decir, toda forma de movimiento en dirección a un objeto cuya atracción espiritual o sexual es experimentada por el alma y el cuerpo.
En Sigmund Freud, la noción es empleada en el marco de una teoría del inconsciente para designar a la vez la tendencia y la realización de la tendencia. En este sentido, el deseo es la realización de un anhelo o de un voto inconsciente.

Entre los sucesores de Freud, sólo Lacan ha conceptualizado la noción de deseo en psicoanálisis a partir de la tradición filosófica, para hacer de ella la expresión de una codicia o un apetito que tiende a satisfacerse en lo absoluto, es decir, fuera de toda realización de un anhelo o una tendencia.

El término Begierde remite la filosofía de la conciencia del sujeto, tal como se desarrolló en el siglo XIX a partir de la publicación de la Fenomenología del espíritu de Hegel. La conciencia en el sentido hegeliano reconoce al otro en tanto en él se encuentra así misma.
La relación con el otro pasa entonces por el deseo: la conciencia sólo se reconoce en un otro (es decir, en un objeto imaginario) en la medida en que, a través de ese reconocimiento, pone a ese otro como objeto de deseo.

El otro por lo tanto es el objeto del deseo que la conciencia desea en una relación negativa y especular que le permite reconocerse en el. Al mismo tiempo, cuando se destaca la relación negativa con el objeto del deseo, la conciencia, convertida en conciencia de sí, descubre que el objeto no está en el exterior de ella, sino en ella. La conciencia debió pasar por el otro para volver a sí misma con la forma del otro. Esta es la definición de Hegel del movimiento del deseo que conduce a la satisfacción. La conciencia sólo puede decir “yo” con relación a un otro que le sirve de soporte: yo me reconozco en el otro en la medida en que lo niego como otro.

Sin prestar atención a la tradición filosófica, Freud no emplea el término Begierde, sino Wunsch, que significa voto o anhelo, sin idea de codicia o reconocimiento de uno mismo por el otro y del otro por uno mismo. Además, emplea la palabra Lust en el sentido de pasión o tendencia, para definir lo que llama el principio del placer, es decir, una actividad que tiende a evitar toda forma de displacer: algo destructivo, que para Lacan será el goce.

En Freud, el deseo (Wunsch) es ante todo el deseo inconsciente. Tiende a cumplirse y a veces a realizarse. Por ello desde un primer momento está ligado a la nueva concepción del sueño, el inconsciente, la represión y el fantasma. De allí la definición siguiente, que no cambiará: el deseo es deseo inconsciente y realización del deseo. En otras palabras, la definición freudiana del deseo está en el sueño: el sueño es la realización de un deseo reprimido, y el fantasma, la realización alucinatorios del deseo en sí.

Aunque no tome en cuenta la idea de reconocimiento, Freud no identifica el deseo con la necesidad (biológica). En efecto, la necesidad se satisface con objetos adecuados, como por ejemplo la comida, mientras que el deseo está ligado a huellas mnémicas, a recuerdos. Se realiza en la reproducción a la vez inconsciente y alucinatoria de percepciones, convertidas en “signos” de la satisfacción. Según Freud, estos signos tienen siempre un carácter sexual, puesto que en el deseo siempre está en juego la sexualidad.
En La interpretación de los sueños se encuentran todos los ejemplos clínicos que permiten ilustrar esta teoría freudiana del deseo, en la cual la teoría inglesa, desde Melanie Klein, hasta Winnicott, añadió después otra dimensión: la relación de objeto, basado en el clivaje, el odio y la destrucción (envidia, objeto bueno y malo), o en la transitividad (objeto transicional).

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Lacan, por su parte, no opone una filosofía del deseo a una biología de las pasiones, pero utilizo un discurso filosófico para conceptualizar la perspectiva freudiana, a su juicio insuficiente. Establece entonces un vínculo entre el deseo fundado en el reconocimiento (o deseo del deseo del otro) y el deseo inconsciente (realización en el sentido freudiana).
Al hacerlo, diferencia más que Freud el deseo de la necesidad. Acercándose a Hegel y su idea de reconocimiento, Lacan introduce en 1953 un tercer término, que designó con la palabra “demanda“. La demanda se dirige a otro, y en apariencia se refiere a un objeto. Pero ese objeto es inesencial, porque la demanda es demanda de amor. En otras palabras, en la terminología de Lacan, la necesidad, de naturaleza biológica, se satisface con un objeto real (la comida), mientras que el deseo inconsciente nace de la distancia entre la demanda y la necesidad. Se basa en un fantasma, es decir, en un otro imaginario. Es por lo tanto deseo del deseo del otro, en cuanto que trata de ser reconocido absolutamente por él, al precio de una lucha a muerte que Lacan identifica con la famosa dialéctica hegeliana del amo del esclavo.


 

Fuente: ROUDINESCO E., PLON M, Diccionario de Psicoanálisis, Paidós. Pgs 217-18




 

¿Relación objetal o relación vincular? Vicisitudes en la construcción de la (inter)subjetividad

“El espacio intersubjetivo entre un hijo y quienes sostienen las funciones parentales, puede advenir relación de objeto o vínculo. La radical diferencia entre ambos es que en el primero ocupa un lugar de objeto de proyecciones de los otros; mientras que el vínculo deviene cuando aún cumpliendo el grupo con la función de transmisión que anuda el contrato narcisista, aloja a la subjetividad naciente como un sistema abierto, descompleto que está por-venir en cada encuentro vincular”.

En este artículo se revisan algunos temas como:

  • El registro pictogramático del vínculo y su importancia tanto en la niñez como en la adolescencia
  • La categoría del extraño y el narcisismo según Sami- Ali
  • La reedición de elementos estructurantes de la niñez en la adolescencia

Los invitamos a leerlo.

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(Por: Lic. Mariana Soler)

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Taller de lectura de Freud

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¿Qué es el Goce?

En esta oportunidad, daremos respuesta a esta pregunta desde el pensamiento de algunos referentes del campo psicoanalítico.

Raramente utilizado por Freud, el término goce aparece como concepto específico en la obra de Jacques Lacan.

Ligado primeramente placer sexual, el concepto de goce implica la idea de una transgresión de la ley: desafío, sumisión o burla. El goce participa así de la perversión, teorizada por Lacan como una de las componentes estructurales del funcionamiento psíquico, distinta de las perversiones sexuales.

Posteriormente, el goce fue re pensado por Lacan en el marco de una teoría de la identidad sexual, expresada en fórmulas de la sexo acción, las cuales llevan a distinguir el goce fálico y el goce femenino (o goce llamado suplementario)

El término goce tiene una dimensión jurídica, ligada a la idea de usufructo, que define el derecho de goce sobre un bien perteneciente al otro. En 1503 se enriqueció con una dimensión hedonista, convirtiéndose en sinónimo de placer, gozo, bienestar y voluptuosidad.

Retomando el ejemplo de Jean Laplanche, es posible identificar-precisamente en el momento en que el infante, con su necesidad orgánica satisfecha, nos entrega ya tanto a la succión como el chupeteo-el nacimiento de esa actividad repetitiva del registro del goce que marca la entrada en la fase del autoerotismo. Esta misma fase del desarrollo psíquico, re pensada por Lacan a fines de la década de 1950, lo condujo a las primeras formulaciones de su concepto de goce. Elaborando la distinción entre necesidad, demanda y deseo, Lacan señaló que es el otro, la madre o su sustituto, quien confiere un sentido a la necesidad orgánica expresada sin intencionalidad por el lactante la satisfacción obtenida por la respuesta a la necesidad induce la repetición del proceso, su tendido por la investidura pulsional: la necesidad se vuelve entonces demanda propiamente dicha, sin que por ello pueda recuperarse el goce inicial, el del pasaje de la succión el chupeteo. El Otro originario sigue siendo inalcanzable, bloqueado por la demanda que se ha vuelto ilusoriamente primera.

Este otro, objeto de esa demanda imposible, se convierte, en el seminario de 1959-1960, La ética del psicoanálisis, en la Cosa (das Ding) , objeto imposible, “fuera de significado”.
Lacan traza entonces una distinción esencial entre placer y goce; el goce reside en el intento permanente de exceder los límites del principio de placer. Éste movimiento, ligado a la búsqueda de la cosa perdida, que falta en el lugar del otro, es causa de sufrimiento, pero sufrimiento no erradica nunca por completo la búsqueda del goce.

En su artículo “Kant con Sade”, Lacan pretende demostrar que el goce se sostienen la obediencia del sujeto mandato, sean cuales fueren su forma y su contenido, lo que lo lleva, al abandonar lo que hay allí de su deseo, a destruirse la sumisión al Otro (gran otro).
Lacan elaboró posteriormente su teoría del proceso de la sexo acción, según la cual para el hombre no existe más que un goce fálico, es decir limitado, sometido a la amenaza de castración, goce fálico que constituye el identidad sexual del hombre.

Para las mujeres en cambio no hay un equivalente del padre originario, el goce esperado, a pesar de ser igualmente imposible para la mujer, no sufre sin embargo la interdicción de la castración. El goce femenino es por lo tanto distinto, y sobre todo no tiene límites. Es un goce suplementario. La existencia de este goce suplementario, incognoscible por y para el hombre, pero indecible para las mujeres, funda el aforismo lacaniano, a menudo prostituido, según el cual “no hay relación sexual“, desarrollado en el marco del seminario… O peor. Lacan, de esta manera, teoriza el goce femenino desprendido de toda referencia biológica o anatómica; perspectiva que será utilizada desde un enfoque diferencia lista, principalmente por autores que intentan elaborar los marcos teóricos de una identidad femenina. (1)

Con frecuencia se utiliza el concepto de “goce” como equivalente de “placer”. Sin embargo, el goce no está regido por el principio del placer, sino por “el más allá o el más acá” del principio del placer. Dice Silvia Bleichmar:

En términos teóricos y de fecundidad clínica, yo diferenciaría el goce como algo en lo que el sujeto queda fijado bajo una forma en la cual es acpturado y que tiene la característica de ejercerse siempre sobre una forma en la cual – Lacan diría- no se encadena o no se articula en la cadena significante; en realidad, queda suelto. En términos clínicos, les diría que lo que caracteriza al goce es que el sujeto no es el que goza, sino que el goce es el que atrapa al sujeto. Vale decir, que es una forma de resolucion de la tension libidinal, psíquico somática, relacionada con una forma de descarga en la cual el sujeto queda fijado y que no se puede lograr articular en el conjunto de su vida psíquica; el goce, pues, captura una enorme cantidad de libido para organizarse, que , por supuesto, no entra dentro del plano de subjetivación“. (2)

Al no estar regido por el principio del placer, no logra nunca una estabilidad psíquica como la que se articula en el principio del placer.

En la medida que no hay subordinación al principio del placer, no hay placer en el sujeto, sino atrapamiento en el goce como forma de descarga” Por ello, la compulsión es la manera que, en muchos casos, se manifiesta el ejercicio del goce. (3)

Desde una perspectiva lacaniana, podría decirse que cuando impera el goce desaparece la palabra y prevalece la acción. Juan David Nasio nos dice que, mientras el placer es una sensación percibida y sentida por el yo, el goce se hace oír por medio de acciones ciegas, sean productivas o no. Por ejemplo, la acción de un pintor que pinta fuera de sí un cuadro, o el impulso suicida de un conductor que roza la muerte al conducir arriesgadamente. En el goce, el sujeto está ausente, no habla ni piensa. “Lacan, insipirado en el cogito de Descartes, hubiera puntuado la posición del sujeto en el estado de goce enunciado: Soy allí donde no pienso” (4)

El sujeto del inconsciente siempre está marcado por una representación. En el goce hay ausencia de significante representativo. Por esa razón, cuando hay goce nadie goza en realidad: no gozamos de algo sino que algo goza de nosotros. Sin embargo, mientras que el placer aparece y desaparece, el goce siempre está allí, pues el goce es la fuerza que asegura la repetición.

Agrega J.D.Nasio: “Si tuviera que establecer un paralelo entre el concepto lacaniano de goce y la teoría freudiana de la repetición, concluiría identificando el goce con lo que Freud denomina la compulsión a la repetición. Si hay un concepto freudiano cercano al goce concebido como la fuerza que asegura la repetición, entendido como la tendencia irreductible en el humano a vivir, sin duda, hacia adelante, pero tratando de completar los actos esbozados en el pasado. Toda la fuerza de la vida está allí” (5)

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¡Gracias!

(1) ROUDINESCO, Elisabeth; PLON, Michel. Diccionario de psicoanálisis, Paidós.

(1) BLEICHMAR, Silvia. La construcción del sujeto ético. Argentina, Paidós. Pg.312

(2) Ibid

(3) NASIO, Juan David. Cinco lecciones sobre la teoría de Jacques Lacan. España, Gedisa. Pgs 52-54

(4) Ibid. pg. 55

NARCISISMO patológico y narcisismo trófico, por: Luis Hornstein

La subjetividad solo es pensable inmersa en lo socio-histórico entramando prácticas, discursos, sexualidad, ideales, deseos, ideología y prohibiciones. Es producto de una interacción constante entre “lo biológico” y “lo social” a través de la cual se construye la historia. La subjetivación debe dar cuenta del pasaje-proceso desde la indiferenciación narcisista hasta la aceptación del otro y del devenir. Lo hará concibiendo al sujeto no sólo identificado sino identificante; no sólo pensado sino pensante; no sólo sujetado sino protagonista.

¿Es el trastorno narcisista una dificultad para asumir la alteridad, se refiere a la pobreza de la autoestima, es una labilidad de la identidad? No son pocos los que consideran que el “narcisismo patológico” implica exceso de amor propio. La clínica nos muestra lo contrario: estos sujetos carecen de amor propio. Desesperados, intentan sustituir ese déficit con admiración externa. En el narcisismo patológico hay un interés exclusivo por uno mismo mientras que en el trófico el sujeto puede orientar cada vez más su vida por los deseos y ya no por obcecaciones narcisistas. La de narcisismo trófico es más que una noción descriptiva…


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EL LUGAR DEL PADRE en psicoanálisis

Es posible identificar en las obras de Sigmund Freud, Jacques Lacan y Donald Winnicott contribuciones metapsicológicas a la problemática del complejo paterno, continuidades y discontinuidades internas en las obras de cada autor en relación con este problema, así como divergencias y convergencias entre dichas contribuciones.

¿Cuáles son esas contribuciones metapsicológicas, divergencias y convergencias entre S. Freud, J. Lacan y D. Winnicott?

El libro de Sebastián León intenta dar respuesta a ese interrogante. 

LEER AQUÍ

(Fuente externa: https://miguelparedesblog.wordpress.com/)

LA NEUROSIS en la obra de Freud

Por: Graziela Napolitano (coordinadora)

Universidad Nacional de La Plata – Editorial de la Universidad de La Plata

E-Book. ISBN 978-950-34-0993-0

ÍNDICE

Presentación. Gabriel Lombardi…………………………………………………….. 6

Prólogo. Graziela Napolitano.………………………..……………………… 9

Capítulo 1. Categorías clínicas y teoría psicoanalítica: puntuaciones en la obra de Freud. G.

Capítulo 2. Las neurosis antes de Freud.

Capítulo 3. La histeria en el psicoanálisis freudiano.

Capítulo 4. La neurosis obsesiva en la obra de Freud.

Capítulo 5. La fobia según Freud.

Capítulo 6. El problema del carácter en la economía libidinal de la neurosis

Capítulo 7. Histeria y neurosis obsesiva: dos historiales freudianos.

Capítulo 8. Neurosis infantil – Neurosis en la infancia: consideraciones sobre su tratamiento en la obra de Freud.

Capítulo 9. Neurosis de Transferencia, la neurosis del psicoanálisis.

Los autores


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