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TEORÍA Y TÉCNICA DE PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA

Ismail YILDIZ, MD, MSc., Psicoanalista.

CONTENIDOS

 

CAPÍTULO I. INTRODUCCIÓN

I.1. Teoría de la neurosis

I.2. Teorías y psicoterapia analítica

I.3. ¿Qué es psicoterapia analítica?

I.4. Metas e indicaciones de psicoterapia analítica

I.4.1. Las limitaciones de la psicoterapia analítica

I.4.2. Lo que la terapia analítica requiere del paciente

 

CAPÍTULO II. COMPONENTES DE LA TECNICA PSICOANALÍTICA

II.1. Situación analítica

II.1.1. El encuadre

II.1.2. El proceso analítica

II.2. Producción de material

II.2.1. La asociación libre y los sueños

II.2.2. Las reacciones transferenciales

II.2.3. La neurosis de transferencia

II.2.4. La contratransferencia

II.2.5. Las resistencias

II.3. Análisis del material del paciente (Confrontación, aclaración, interpretación y translaboración)

II.4. Procedimientos y procesos terapéuticos no analíticos

II.4.1. La abreacción o la catarsis,

II.4.2. La sugestión

II.4.3. La persuasión

II.4.4. La manipulación

II.5. Alianza de trabajo

II.6. Importancia de la técnica

 

CAPÍTULO III. ETAPA INICIAL DE PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA

III.1. Entrevistas y Evaluación

III.2. Determinar el encuadre

III.3. Finalización de una sesión

III.4. ¿Qué sucedería si el paciente…?

III.5. Motivos de preocupación de los pacientes en la etapa inicial

III.6. Alianza de trabajo

III.7. Manera de escuchar

 

CAPÍTULO IV. TERAPEUTA PSICOANALÍTICO

IV.1. Destrezas

IV.1.1. Entender lo inconsciente

IV.1.2. La comunicación con el paciente

IV.1.3. La facilitación de la formación de la neurosis de transferencia y la alianza de trabajo

IV.2. Rasgos de personalidad y carácter del terapeuta.

IV.2.1. Los rasgos relacionados con el entendimiento de lo inconsciente

IV.2.2. Los rasgos relacionados con la comunicación con el paciente

IV.2.3. Los rasgos relacionados con el fomento de la neurosis de transferencia y la alianza de trabajo

IV.3. Motivaciones

IV.4. Más sobre el terapeuta

IV.4.1. Los conflictos y problemas del terapeuta

IV.4.2. ¿Existen ciertos rasgos de personalidad del terapeuta que pueden facilitar la tarea?

IV.4.3. ¿Existen determinados conflictos y problemas del terapeuta que pueden interferir con la eficiencia de la terapia?

IV.4.4. Los aspectos cognitivos

IV.4.5. La contratransferencia

IV.4.6. El tacto, la calidez y la solicitud

 

CAPÍTULO V. INTERPRETACIONES Y SUS PRINCIPIOS

V.1. Profundidad

V.2. Simplicidad

V.3. Ofrecimiento

V.4. Utilidad

V.5. Otros principios de interpretación

V.6. A evitar

V.6.1. Las conexiones

V.6.2. La adopción de una actitud didáctica, de maestro, de sermón

V.6.3. El consejo implícito en la interpretación

V.6.4. La crítica implícita en la interpretación

 

CAPÍTULO VI. ETAPA INTERMEDIA DE PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA

VI.1. Algunas características

VI.1.1. La resistencia al cambio

VI.1.2. La dependencia

VI.1.3. El impase y la crisis

VI.1.4. El proceso terapéutico

VI.1.5. La experiencia analítica

VI.2. Silencio

VI.3. Lo consciente y lo inconsciente, el pensamiento y los sentimientos

VI.4. Sobredeterminación de la conducta

 

CAPÍTULO VII. RESISTENCIAS

VII.1. Definición

VII.2. Modos de aparición clínica de resistencia

VII.3. Teoría de la resistencia

VII.3.1. El examen histórico

VII.3.2. La resistencia y la defensa

VII.3.3. La resistencia y la regresión

VII.4. Clasificación de las resistencias

VII.4.1. Según el origen de la resistencia

VII.4.2. Según los puntos de fijación

VII.4.3. Según los tipos de defensa

VII.4.4. Según la categoría diagnóstica

VII.4.5. Una clasificación práctica

VII.5. Técnica del análisis de las resistencias

VII.5.1. Las condiciones preliminares

VII.5.2. El reconocimiento

VII.5.3. La confrontación

VII.5.4. La aclaración

VII.5.5. La interpretación

VII.5.6. Los problemas especiales en el análisis de resistencias

VII.6. Reglas de la técnica relativa a la resistencia

 

CAPÍTULO VIII. TRANSFERENCIAS

VIII.1. Definición

VIII.2. Características generales

VIII.2.1. La impropiedad

VIII.2.2. La intensidad

VIII.2.3. La ambivalencia

VIII.2.4. Los caprichos

VIII.2.5. La tenacidad

VIII.3. Consideraciones teóricas

VIII.3.1. El origen y la índole de las reacciones de transferencia

VIII.3.2. La neurosis de transferencia

VIII.4. Alianza de trabajo

VIII.4.1. La definición

VIII.4.2. El desarrollo

VIII.4.3. Los orígenes de la alianza de trabajo

VIII.4.4.La verdadera relación entre paciente y analista

VIII.5. Clasificación clínica de las reacciones de trasferencia

VIII.5.1. La transferencia positiva y negativa

VIII.5.2. Según las relaciones de objeto

VIII.5.3. Según las fases libidinales

VIII.5.4. Según el punto de vista estructural

VIII.5.5. Según la identificación

VIII.6. Resistencias de trasferencia

VIII.6.1. La búsqueda de gratificación transferencial

VIII.6.2. Las reacciones de transferencia defensivas

VIII.6.3. Las reacciones de transferencia generalizadas

VIII.6.4. La actuación de las reacciones de transferencia

VIII.7. Técnica del análisis de la trasferencia

VIII.7.1. Las consideraciones generales

VIII.7.2. La salvaguardia de la transferencia

VIII.7.3. ¿Cuándo analizar la transferencia?

VIII.7.4. Los pasos técnicos para analizar la transferencia

VIII.7.5. Los problemas especiales en el análisis de las reacciones de transferencia.

 

CAPÍTULO IX. ETAPA FINAL DE PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA

IX.1. Características

IX.2. Algunos de los problemas

IX.4. Última sesión.

 

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¿Qué es el deseo?

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Término empleado en filosofía, psicoanálisis y psicología para designar a la vez la tendencia, el anhelo, la necesidad, la avidez, el apetito: es decir, toda forma de movimiento en dirección a un objeto cuya atracción espiritual o sexual es experimentada por el alma y el cuerpo.
En Sigmund Freud, la noción es empleada en el marco de una teoría del inconsciente para designar a la vez la tendencia y la realización de la tendencia. En este sentido, el deseo es la realización de un anhelo o de un voto inconsciente.

Entre los sucesores de Freud, sólo Lacan ha conceptualizado la noción de deseo en psicoanálisis a partir de la tradición filosófica, para hacer de ella la expresión de una codicia o un apetito que tiende a satisfacerse en lo absoluto, es decir, fuera de toda realización de un anhelo o una tendencia.

El término Begierde remite la filosofía de la conciencia del sujeto, tal como se desarrolló en el siglo XIX a partir de la publicación de la Fenomenología del espíritu de Hegel. La conciencia en el sentido hegeliano reconoce al otro en tanto en él se encuentra así misma.
La relación con el otro pasa entonces por el deseo: la conciencia sólo se reconoce en un otro (es decir, en un objeto imaginario) en la medida en que, a través de ese reconocimiento, pone a ese otro como objeto de deseo.

El otro por lo tanto es el objeto del deseo que la conciencia desea en una relación negativa y especular que le permite reconocerse en el. Al mismo tiempo, cuando se destaca la relación negativa con el objeto del deseo, la conciencia, convertida en conciencia de sí, descubre que el objeto no está en el exterior de ella, sino en ella. La conciencia debió pasar por el otro para volver a sí misma con la forma del otro. Esta es la definición de Hegel del movimiento del deseo que conduce a la satisfacción. La conciencia sólo puede decir “yo” con relación a un otro que le sirve de soporte: yo me reconozco en el otro en la medida en que lo niego como otro.

Sin prestar atención a la tradición filosófica, Freud no emplea el término Begierde, sino Wunsch, que significa voto o anhelo, sin idea de codicia o reconocimiento de uno mismo por el otro y del otro por uno mismo. Además, emplea la palabra Lust en el sentido de pasión o tendencia, para definir lo que llama el principio del placer, es decir, una actividad que tiende a evitar toda forma de displacer: algo destructivo, que para Lacan será el goce.

En Freud, el deseo (Wunsch) es ante todo el deseo inconsciente. Tiende a cumplirse y a veces a realizarse. Por ello desde un primer momento está ligado a la nueva concepción del sueño, el inconsciente, la represión y el fantasma. De allí la definición siguiente, que no cambiará: el deseo es deseo inconsciente y realización del deseo. En otras palabras, la definición freudiana del deseo está en el sueño: el sueño es la realización de un deseo reprimido, y el fantasma, la realización alucinatorios del deseo en sí.

Aunque no tome en cuenta la idea de reconocimiento, Freud no identifica el deseo con la necesidad (biológica). En efecto, la necesidad se satisface con objetos adecuados, como por ejemplo la comida, mientras que el deseo está ligado a huellas mnémicas, a recuerdos. Se realiza en la reproducción a la vez inconsciente y alucinatoria de percepciones, convertidas en “signos” de la satisfacción. Según Freud, estos signos tienen siempre un carácter sexual, puesto que en el deseo siempre está en juego la sexualidad.
En La interpretación de los sueños se encuentran todos los ejemplos clínicos que permiten ilustrar esta teoría freudiana del deseo, en la cual la teoría inglesa, desde Melanie Klein, hasta Winnicott, añadió después otra dimensión: la relación de objeto, basado en el clivaje, el odio y la destrucción (envidia, objeto bueno y malo), o en la transitividad (objeto transicional).

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Lacan, por su parte, no opone una filosofía del deseo a una biología de las pasiones, pero utilizo un discurso filosófico para conceptualizar la perspectiva freudiana, a su juicio insuficiente. Establece entonces un vínculo entre el deseo fundado en el reconocimiento (o deseo del deseo del otro) y el deseo inconsciente (realización en el sentido freudiana).
Al hacerlo, diferencia más que Freud el deseo de la necesidad. Acercándose a Hegel y su idea de reconocimiento, Lacan introduce en 1953 un tercer término, que designó con la palabra “demanda“. La demanda se dirige a otro, y en apariencia se refiere a un objeto. Pero ese objeto es inesencial, porque la demanda es demanda de amor. En otras palabras, en la terminología de Lacan, la necesidad, de naturaleza biológica, se satisface con un objeto real (la comida), mientras que el deseo inconsciente nace de la distancia entre la demanda y la necesidad. Se basa en un fantasma, es decir, en un otro imaginario. Es por lo tanto deseo del deseo del otro, en cuanto que trata de ser reconocido absolutamente por él, al precio de una lucha a muerte que Lacan identifica con la famosa dialéctica hegeliana del amo del esclavo.


 

Fuente: ROUDINESCO E., PLON M, Diccionario de Psicoanálisis, Paidós. Pgs 217-18




 

Taller de lectura de Freud

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¿Qué es el Goce?

En esta oportunidad, daremos respuesta a esta pregunta desde el pensamiento de algunos referentes del campo psicoanalítico.

Raramente utilizado por Freud, el término goce aparece como concepto específico en la obra de Jacques Lacan.

Ligado primeramente placer sexual, el concepto de goce implica la idea de una transgresión de la ley: desafío, sumisión o burla. El goce participa así de la perversión, teorizada por Lacan como una de las componentes estructurales del funcionamiento psíquico, distinta de las perversiones sexuales.

Posteriormente, el goce fue re pensado por Lacan en el marco de una teoría de la identidad sexual, expresada en fórmulas de la sexo acción, las cuales llevan a distinguir el goce fálico y el goce femenino (o goce llamado suplementario)

El término goce tiene una dimensión jurídica, ligada a la idea de usufructo, que define el derecho de goce sobre un bien perteneciente al otro. En 1503 se enriqueció con una dimensión hedonista, convirtiéndose en sinónimo de placer, gozo, bienestar y voluptuosidad.

Retomando el ejemplo de Jean Laplanche, es posible identificar-precisamente en el momento en que el infante, con su necesidad orgánica satisfecha, nos entrega ya tanto a la succión como el chupeteo-el nacimiento de esa actividad repetitiva del registro del goce que marca la entrada en la fase del autoerotismo. Esta misma fase del desarrollo psíquico, re pensada por Lacan a fines de la década de 1950, lo condujo a las primeras formulaciones de su concepto de goce. Elaborando la distinción entre necesidad, demanda y deseo, Lacan señaló que es el otro, la madre o su sustituto, quien confiere un sentido a la necesidad orgánica expresada sin intencionalidad por el lactante la satisfacción obtenida por la respuesta a la necesidad induce la repetición del proceso, su tendido por la investidura pulsional: la necesidad se vuelve entonces demanda propiamente dicha, sin que por ello pueda recuperarse el goce inicial, el del pasaje de la succión el chupeteo. El Otro originario sigue siendo inalcanzable, bloqueado por la demanda que se ha vuelto ilusoriamente primera.

Este otro, objeto de esa demanda imposible, se convierte, en el seminario de 1959-1960, La ética del psicoanálisis, en la Cosa (das Ding) , objeto imposible, “fuera de significado”.
Lacan traza entonces una distinción esencial entre placer y goce; el goce reside en el intento permanente de exceder los límites del principio de placer. Éste movimiento, ligado a la búsqueda de la cosa perdida, que falta en el lugar del otro, es causa de sufrimiento, pero sufrimiento no erradica nunca por completo la búsqueda del goce.

En su artículo “Kant con Sade”, Lacan pretende demostrar que el goce se sostienen la obediencia del sujeto mandato, sean cuales fueren su forma y su contenido, lo que lo lleva, al abandonar lo que hay allí de su deseo, a destruirse la sumisión al Otro (gran otro).
Lacan elaboró posteriormente su teoría del proceso de la sexo acción, según la cual para el hombre no existe más que un goce fálico, es decir limitado, sometido a la amenaza de castración, goce fálico que constituye el identidad sexual del hombre.

Para las mujeres en cambio no hay un equivalente del padre originario, el goce esperado, a pesar de ser igualmente imposible para la mujer, no sufre sin embargo la interdicción de la castración. El goce femenino es por lo tanto distinto, y sobre todo no tiene límites. Es un goce suplementario. La existencia de este goce suplementario, incognoscible por y para el hombre, pero indecible para las mujeres, funda el aforismo lacaniano, a menudo prostituido, según el cual “no hay relación sexual“, desarrollado en el marco del seminario… O peor. Lacan, de esta manera, teoriza el goce femenino desprendido de toda referencia biológica o anatómica; perspectiva que será utilizada desde un enfoque diferencia lista, principalmente por autores que intentan elaborar los marcos teóricos de una identidad femenina. (1)

Con frecuencia se utiliza el concepto de “goce” como equivalente de “placer”. Sin embargo, el goce no está regido por el principio del placer, sino por “el más allá o el más acá” del principio del placer. Dice Silvia Bleichmar:

En términos teóricos y de fecundidad clínica, yo diferenciaría el goce como algo en lo que el sujeto queda fijado bajo una forma en la cual es acpturado y que tiene la característica de ejercerse siempre sobre una forma en la cual – Lacan diría- no se encadena o no se articula en la cadena significante; en realidad, queda suelto. En términos clínicos, les diría que lo que caracteriza al goce es que el sujeto no es el que goza, sino que el goce es el que atrapa al sujeto. Vale decir, que es una forma de resolucion de la tension libidinal, psíquico somática, relacionada con una forma de descarga en la cual el sujeto queda fijado y que no se puede lograr articular en el conjunto de su vida psíquica; el goce, pues, captura una enorme cantidad de libido para organizarse, que , por supuesto, no entra dentro del plano de subjetivación“. (2)

Al no estar regido por el principio del placer, no logra nunca una estabilidad psíquica como la que se articula en el principio del placer.

En la medida que no hay subordinación al principio del placer, no hay placer en el sujeto, sino atrapamiento en el goce como forma de descarga” Por ello, la compulsión es la manera que, en muchos casos, se manifiesta el ejercicio del goce. (3)

Desde una perspectiva lacaniana, podría decirse que cuando impera el goce desaparece la palabra y prevalece la acción. Juan David Nasio nos dice que, mientras el placer es una sensación percibida y sentida por el yo, el goce se hace oír por medio de acciones ciegas, sean productivas o no. Por ejemplo, la acción de un pintor que pinta fuera de sí un cuadro, o el impulso suicida de un conductor que roza la muerte al conducir arriesgadamente. En el goce, el sujeto está ausente, no habla ni piensa. “Lacan, insipirado en el cogito de Descartes, hubiera puntuado la posición del sujeto en el estado de goce enunciado: Soy allí donde no pienso” (4)

El sujeto del inconsciente siempre está marcado por una representación. En el goce hay ausencia de significante representativo. Por esa razón, cuando hay goce nadie goza en realidad: no gozamos de algo sino que algo goza de nosotros. Sin embargo, mientras que el placer aparece y desaparece, el goce siempre está allí, pues el goce es la fuerza que asegura la repetición.

Agrega J.D.Nasio: “Si tuviera que establecer un paralelo entre el concepto lacaniano de goce y la teoría freudiana de la repetición, concluiría identificando el goce con lo que Freud denomina la compulsión a la repetición. Si hay un concepto freudiano cercano al goce concebido como la fuerza que asegura la repetición, entendido como la tendencia irreductible en el humano a vivir, sin duda, hacia adelante, pero tratando de completar los actos esbozados en el pasado. Toda la fuerza de la vida está allí” (5)

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¡Gracias!

(1) ROUDINESCO, Elisabeth; PLON, Michel. Diccionario de psicoanálisis, Paidós.

(1) BLEICHMAR, Silvia. La construcción del sujeto ético. Argentina, Paidós. Pg.312

(2) Ibid

(3) NASIO, Juan David. Cinco lecciones sobre la teoría de Jacques Lacan. España, Gedisa. Pgs 52-54

(4) Ibid. pg. 55

LA NEUROSIS en la obra de Freud

Por: Graziela Napolitano (coordinadora)

Universidad Nacional de La Plata – Editorial de la Universidad de La Plata

E-Book. ISBN 978-950-34-0993-0

ÍNDICE

Presentación. Gabriel Lombardi…………………………………………………….. 6

Prólogo. Graziela Napolitano.………………………..……………………… 9

Capítulo 1. Categorías clínicas y teoría psicoanalítica: puntuaciones en la obra de Freud. G.

Capítulo 2. Las neurosis antes de Freud.

Capítulo 3. La histeria en el psicoanálisis freudiano.

Capítulo 4. La neurosis obsesiva en la obra de Freud.

Capítulo 5. La fobia según Freud.

Capítulo 6. El problema del carácter en la economía libidinal de la neurosis

Capítulo 7. Histeria y neurosis obsesiva: dos historiales freudianos.

Capítulo 8. Neurosis infantil – Neurosis en la infancia: consideraciones sobre su tratamiento en la obra de Freud.

Capítulo 9. Neurosis de Transferencia, la neurosis del psicoanálisis.

Los autores


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Teorías psicológicas

Artículos de Interés sobre teorías de la salud mental (Sin revisión)

Guillermo Delahanty – Vicisitudes de la polémica de Anna Freud y Melanie Klein
Una vida dedicada al conocimiento y a la ayuda psicologica del niño (A. Freud)
Hay que quemar a Melanie Klein – (J. Laplanche)
Barujel, Nora – Melanie Klein HOY


TRES COMPONENTES DE LA IMAGEN INCONSCIENTE DEL CUERPO – J J NASIO
EL ESQUEMA CORPORAL NO ES LA IMAGEN INCONSCIENTE DEL CUERPO
REPORTAJE A S. BLEICHMAR
QUE ES UN CASO – J D NASIO
NARCISISMO PRIMARIO Y SECUNDARIO – NASIO
NARCISISMO – H BLEICHMAR

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Fuente: https://teoriaspsicologicas2.wordpress.com/g-articulos-de-interes/

¿Qué implica el regreso a Lacan?

Psicología. La pregunta fundamental que guió todo el quehacer lacaniano es la que hoy se soslaya: ¿qué es el psicoanálisis? Retomarla sería esencial.

POR EVA TABAKIAN

04

Lacan comienza su enseñanza enarbolando una consigna que lo localiza por fuera del psicoanálisis de su época, el ya famoso “Retorno a Freud”. Con este objetivo toma como punto de partida lo que denomina la experiencia germinal de Freud que constituye el origen del psicoanálisis y consiste en revelar el elemento estructural del proceso psicoanalítico: la reconstitución completa de la historia del sujeto. Pero no entiende la historia como el simple pasado sino como el pasado historizado en el presente.

En cambio, el freudismo se orientaba hacia la relación analítica en el presente ( hic et nunc) lo que implica la readaptación del sujeto a la realidad, tomando el Yo del analista como medida de esto real. Con el retorno, Lacan retoma la posición de Freud acentuando el peso que tiene tal concepción del pasado y dejando de lado la “vivencia” y lo “vivencial” que tantas veces se desliza en algunas concepciones y que lleva a las conclusiones de la Ego Psichologie que entrona una psicología del Yo, desconociendo las coordenadas que Freud estableció en una de sus obras más importantes, El Yo y el Ello . Entonces opone al aquí y al ahora del freudismo la rememoración, entendida como función simbólica de la memoria. De modo que incluye en su lectura de Freud y sus seguidores la misma lógica temporal que el fundador del psicoanálisis estableció como fundamento de la operación psicoanalítica.

En una conocida entrevista que Paolo Caruso le hizo con motivo de la publicación de susEscritos , el mismo Lacan define lo que entiende como retorno. Allí dice que su “retorno a Freud” significa simplemente que los lectores se preocupen por saber efectivamente y de primera mano qué es lo que Freud dice y qué quiere decir, y la primera condición para ello es que lo lean con seriedad aplicando la crítica freudiana a los textos de Freud. De este modo se llegan a descubrir muchas cosas. Dice también que “como se sabe, la mayor parte de lanzas las he roto contra los círculos dirigentes de la Sociedad Psicoanalítica Internacional, que después de la guerra me han colocado en una situación muy especial. Mi oposición es categórica, agresiva, y se acentúa ante una teoría y una práctica totalmente centradas en las doctrinas llamadas ‘del Ego autónomo’, que dan a la función del ego el carácter de una ‘esfera sin conflictos’, como se le llama. Este ego, en sustancia viene a ser el ego de siempre, el ego de la psicología general, y en consecuencia, nada de lo que pueda discutirse o resolverse a partir de él es freudiano. Simplemente, es una manera subrepticia, dogmática y autoritaria, no de incluir el psicoanálisis en la psicología general como pretenden, sino de llevar la psicología general al terreno del psicoanálisis, y en definitiva de hacer perder a éste toda su especificidad. Aquí me veo obligado a hacer un resumen poco preciso.” En este punto refiere a lo que se denominaba en ese momento el grupo de Nueva York, constituido por personajes que provienen directamente del ambiente alemán: Heinz Hartmann, Loewenstein, Ernest Kris, a los cuales se enfrentará con todo el rigor de la lectura propia haciéndolos responsables de la desviación de la teoría freudiana. Dice que “se han aprovechado de la gran diáspora nazi para imponer en América, con toda la autoridad que derivaba del hecho de proceder de aquel lugar benemérito, una cosa absolutamente adaptada a una sociedad que, en este aspecto, estaba esperando que los Magos la intimidaran. Para sus teorizaciones encontraron incluso muchas, tal vez demasiadas, facilidades, caminos demasiado trillados por una tradición, para no extraer beneficios extraordinarios de carácter personal. En una palabra, se trata de una traición muy clara a los descubrimientos originales y peculiares de Freud.” Esto nos enseña que no basta leer a Lacan insistentemente para poder seguirlo como él hizo con Freud, porque lo que está en juego en el seguirlo no es “saberlo mejor” ni poseer versiones más o menos auténticas. Sólo se puede tener acceso a su palabra cuando se establece una relación tal que permita aprender qué hay para pensar en ella. En este sentido originario, sólo podrán seguirlo aquellos que puedan someterse a su recorrido. Y este recorrido Lacan lo encara desde una lectura de El Yo y el Ello rompiendo con la tradicional interpretación de los psicoanalistas del momento.

Como también enfatiza Isidoro Vegh, en ese tiempo, Lacan se vio obligado a recordar que en El Yo y el Ello, cuando Freud habla de la función de síntesis del Yo, habla de lo que el Yo quiere lograr pero no de lo que logra, y por eso habla de los vasallajes del yo y no del señorío del Yo. A partir del instintivismo kleiniano, se volvía a poner como último determinante a los instintos que tenían que ver con lo biológico sin advertir la importancia que Freud estableció entre pulsión e instinto.

El instinto está determinado por el objeto que le conviene, la comida de las hormiguitas por ejemplo (no hay huelga de hormiguitas) y en cambio la pulsión es aquello que, originado también en el cuerpo, es lo que hace que pasemos de la comida al menú. Cuando tenemos esa libertad del menú también la oportunidad de desorientarnos y lo único que allí nos puede orientar es lo que llamamos la articulación simbólica. Es decir lo mismo que nos desorienta, el lenguaje y la palabra, es la oportunidad para volver a orientarnos.

Lacan tuvo que recordar eso fundamental a los psicoanalistas: el descubrimiento fundamental de nuestro maestro es el inconsciente y el inconsciente está estructurado como un lenguaje y el ser humano produce síntomas precisamente porque el lenguaje atraviesa el cuerpo y esa determinación del síntoma es lo que permite que el psicoanálisis opere deshaciendo el síntoma también a través de la palabra. Es decir que Lacan requiere del retorno para volver a los conceptos fundamentales del psicoanálisis, los conceptos de Freud, que fueron desvirtuados por los analistas que lo sucedieron.

En este momento de la historia del psicoanálisis, se vuelve a repetir la misma situación. En el caso de Lacan agravado por la modalidad oral de su enseñanza y por la transcripción de la misma en manos de una Escuela que impone su propia impronta y acentuación. De este modo se establecen distintos períodos en su enseñanza, generalmente tres, en los que se distinguen referencias específicas. El primero apunta al retorno a Freud, su deuda al estructuralismo y la lingüística, y una relación fundamental con el pensamiento de Heidegger. El segundo alude fuertemente a lo simbólico, la metáfora paterna y el establecimiento de los conceptos fundamentales del psicoanálisis: el Inconsciente, la pulsión, la transferencia y la repetición. Y finalmente el tercero a toda la temática de lo Real como elemento último de su trilogía (Imaginario, Simbólico y Real), la institución de la topología como modo de pensarlo y el Goce en contraposición o complementariedad con el deseo y el placer.

Esta división que en algún momento el mismo Lacan avaló puede pensarse de distintos modos. Como una progresión en la cual una etapa supera a la otra, en el sentido de las ciencias naturales, o como un proceso de pensamiento en el cual una se resignifica en la otra y produce un nuevo saber acerca del inconsciente que fundamenta la teoría y la clínica. Hay también una modalidad en la que se ve una escisión entre el psicoanálisis clínico, político y epistemológico y se privilegian lecturas de una u otra orientación sin tener en cuenta que ninguna se sostiene sin la otra.

Esto tiene su origen en la misma modalidad en la que se gestó la publicación de sus seminarios, única fuente de acceso a su palabra, fuera de los escritos que él mismo editó. El establecimiento de esos seminarios ha sido pensado de distintas maneras, desde la restitución de un sentido que se habría perdido en la estenografía de las clases que dictó, hasta una puntuación que reforzaba el poder institucional de una Escuela que se fundó en su nombre después de que él hubiera disuelto la suya.

Esta marca institucional-familiar, hereditaria y legitimada también comprende una posición y una interpretación de la palabra lacaniana. El hecho de que esta legitimación anule de alguna manera otras lecturas y comprensiones ha llegado evidentemente a un nudo en el cual los otros participantes se encuentran en una situación de exclusión. Como plantea Michel Sauval en su artículo “El testamento de Lacan”: durante esos 20 años de espera hubo intentos, de parte de algunos de los asistentes al seminario, de dar cuenta de esa enseñanza. Pero, obviamente, medidos con la vara de las exigencias de un ejercicio de transcripción “fiel” que pudiera alcanzar la pretensión de llevar la firma del propio Lacan, estos “intentos” no podrían sino desecharse, por la sencilla y estricta razón de que nunca pretendieron ser más que el “resumen” o “versión” que los firmantes podían testimoniar de esa enseñanza oral a la que habían asistido. Que yo sepa, ninguno de ellos pretendió redactar un texto que pudiera ser firmado por Lacan.

Después de muchas escisiones y confrontaciones, el curso de la disputa podría pensarse en términos de quiénes son o no discípulos de Lacan, es decir quiénes pueden o no seguir su palabra más allá de la cercanía o familiaridad con su persona. Este concepto de discípulo que tan bien trabajara Kierkegaard da la medida de la lectura que hoy en día se hace de la obra de Lacan porque pone en juego un concepto de fidelidad que va más allá de las convencionales posiciones en juego. Ser fiel a su palabra significa hacerse cargo de lo que hay que pensar en ella, y con esto volvemos a los conceptos fundamentales y su fundamentación. Entonces cuando se plantea el retorno a Lacan sería conveniente poner sobre la mesa la pregunta que guió todo el quehacer lacaniano: ¿Qué es el psicoanálisis?, pregunta que hoy se deja de lado en tanto es la cuestión del ser la que a partir de aquí habla para siempre.

La pregunta por lo que es el psicoanálisis implica poder pensar más allá de estar a favor, en contra de las instituciones psicoanalíticas. Queda abierto el espacio para debatir en torno a lo que quizá sea un problema para nada carente de historia: el de la palabra al fin revelada y el poder que la promesa de su enunciación supone.

FUENTE Y OTROS ENLACES: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/implica-regreso-Lacan_0_1291070892.html