Mariela Eula @ Psicoanálisis

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NARCISISMO patológico y narcisismo trófico, por: Luis Hornstein

La subjetividad solo es pensable inmersa en lo socio-histórico entramando prácticas, discursos, sexualidad, ideales, deseos, ideología y prohibiciones. Es producto de una interacción constante entre “lo biológico” y “lo social” a través de la cual se construye la historia. La subjetivación debe dar cuenta del pasaje-proceso desde la indiferenciación narcisista hasta la aceptación del otro y del devenir. Lo hará concibiendo al sujeto no sólo identificado sino identificante; no sólo pensado sino pensante; no sólo sujetado sino protagonista.

¿Es el trastorno narcisista una dificultad para asumir la alteridad, se refiere a la pobreza de la autoestima, es una labilidad de la identidad? No son pocos los que consideran que el “narcisismo patológico” implica exceso de amor propio. La clínica nos muestra lo contrario: estos sujetos carecen de amor propio. Desesperados, intentan sustituir ese déficit con admiración externa. En el narcisismo patológico hay un interés exclusivo por uno mismo mientras que en el trófico el sujeto puede orientar cada vez más su vida por los deseos y ya no por obcecaciones narcisistas. La de narcisismo trófico es más que una noción descriptiva…


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DEBATES: Misoginia, psicoanálisis y subjetividad femenina

“Este texto intenta descifrar aquellos elementos del discurso de la Modernidad sobre la diferencia de los sexos que aparecen en las interpretaciones acerca de la subjetividad de las mujeres. Los escritos psicoanalíticos no solo dan cuenta de una lectura acerca de la subjetividad humana, sino también son el resultado de una interpretación por parte de un grupo de hombres y mujeres cuya subjetividad ha sido construida en los mismos parámetros que aquella de los sujetos investigados, esto es, en el seno de un sistema de sexogénero que define diferencias jerarquizadas entre varones y mujeres. Hay que agregar que el psicoanálisis, desde sus orígenes, ha quedado de preferencia en manos de profesionales de raza blanca, heterosexuales y pertenecientes a las clases medias o a la burguesía. La gran mayoría se ha adherido a la cultura dominante y, hasta muy entrado el siglo xx, no ha mostrado una perspectiva crítica con respecto a las creencias y estereotipos sobre hombres y mujeres construidos por el sistema patriarcal que se ha impuesto en nuestra civilización durante siglos.”

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LA NEUROSIS en la obra de Freud

Por: Graziela Napolitano (coordinadora)

Universidad Nacional de La Plata – Editorial de la Universidad de La Plata

E-Book. ISBN 978-950-34-0993-0

ÍNDICE

Presentación. Gabriel Lombardi…………………………………………………….. 6

Prólogo. Graziela Napolitano.………………………..……………………… 9

Capítulo 1. Categorías clínicas y teoría psicoanalítica: puntuaciones en la obra de Freud. G.

Capítulo 2. Las neurosis antes de Freud.

Capítulo 3. La histeria en el psicoanálisis freudiano.

Capítulo 4. La neurosis obsesiva en la obra de Freud.

Capítulo 5. La fobia según Freud.

Capítulo 6. El problema del carácter en la economía libidinal de la neurosis

Capítulo 7. Histeria y neurosis obsesiva: dos historiales freudianos.

Capítulo 8. Neurosis infantil – Neurosis en la infancia: consideraciones sobre su tratamiento en la obra de Freud.

Capítulo 9. Neurosis de Transferencia, la neurosis del psicoanálisis.

Los autores


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¿Qué implica el regreso a Lacan?

Psicología. La pregunta fundamental que guió todo el quehacer lacaniano es la que hoy se soslaya: ¿qué es el psicoanálisis? Retomarla sería esencial.

POR EVA TABAKIAN

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Lacan comienza su enseñanza enarbolando una consigna que lo localiza por fuera del psicoanálisis de su época, el ya famoso “Retorno a Freud”. Con este objetivo toma como punto de partida lo que denomina la experiencia germinal de Freud que constituye el origen del psicoanálisis y consiste en revelar el elemento estructural del proceso psicoanalítico: la reconstitución completa de la historia del sujeto. Pero no entiende la historia como el simple pasado sino como el pasado historizado en el presente.

En cambio, el freudismo se orientaba hacia la relación analítica en el presente ( hic et nunc) lo que implica la readaptación del sujeto a la realidad, tomando el Yo del analista como medida de esto real. Con el retorno, Lacan retoma la posición de Freud acentuando el peso que tiene tal concepción del pasado y dejando de lado la “vivencia” y lo “vivencial” que tantas veces se desliza en algunas concepciones y que lleva a las conclusiones de la Ego Psichologie que entrona una psicología del Yo, desconociendo las coordenadas que Freud estableció en una de sus obras más importantes, El Yo y el Ello . Entonces opone al aquí y al ahora del freudismo la rememoración, entendida como función simbólica de la memoria. De modo que incluye en su lectura de Freud y sus seguidores la misma lógica temporal que el fundador del psicoanálisis estableció como fundamento de la operación psicoanalítica.

En una conocida entrevista que Paolo Caruso le hizo con motivo de la publicación de susEscritos , el mismo Lacan define lo que entiende como retorno. Allí dice que su “retorno a Freud” significa simplemente que los lectores se preocupen por saber efectivamente y de primera mano qué es lo que Freud dice y qué quiere decir, y la primera condición para ello es que lo lean con seriedad aplicando la crítica freudiana a los textos de Freud. De este modo se llegan a descubrir muchas cosas. Dice también que “como se sabe, la mayor parte de lanzas las he roto contra los círculos dirigentes de la Sociedad Psicoanalítica Internacional, que después de la guerra me han colocado en una situación muy especial. Mi oposición es categórica, agresiva, y se acentúa ante una teoría y una práctica totalmente centradas en las doctrinas llamadas ‘del Ego autónomo’, que dan a la función del ego el carácter de una ‘esfera sin conflictos’, como se le llama. Este ego, en sustancia viene a ser el ego de siempre, el ego de la psicología general, y en consecuencia, nada de lo que pueda discutirse o resolverse a partir de él es freudiano. Simplemente, es una manera subrepticia, dogmática y autoritaria, no de incluir el psicoanálisis en la psicología general como pretenden, sino de llevar la psicología general al terreno del psicoanálisis, y en definitiva de hacer perder a éste toda su especificidad. Aquí me veo obligado a hacer un resumen poco preciso.” En este punto refiere a lo que se denominaba en ese momento el grupo de Nueva York, constituido por personajes que provienen directamente del ambiente alemán: Heinz Hartmann, Loewenstein, Ernest Kris, a los cuales se enfrentará con todo el rigor de la lectura propia haciéndolos responsables de la desviación de la teoría freudiana. Dice que “se han aprovechado de la gran diáspora nazi para imponer en América, con toda la autoridad que derivaba del hecho de proceder de aquel lugar benemérito, una cosa absolutamente adaptada a una sociedad que, en este aspecto, estaba esperando que los Magos la intimidaran. Para sus teorizaciones encontraron incluso muchas, tal vez demasiadas, facilidades, caminos demasiado trillados por una tradición, para no extraer beneficios extraordinarios de carácter personal. En una palabra, se trata de una traición muy clara a los descubrimientos originales y peculiares de Freud.” Esto nos enseña que no basta leer a Lacan insistentemente para poder seguirlo como él hizo con Freud, porque lo que está en juego en el seguirlo no es “saberlo mejor” ni poseer versiones más o menos auténticas. Sólo se puede tener acceso a su palabra cuando se establece una relación tal que permita aprender qué hay para pensar en ella. En este sentido originario, sólo podrán seguirlo aquellos que puedan someterse a su recorrido. Y este recorrido Lacan lo encara desde una lectura de El Yo y el Ello rompiendo con la tradicional interpretación de los psicoanalistas del momento.

Como también enfatiza Isidoro Vegh, en ese tiempo, Lacan se vio obligado a recordar que en El Yo y el Ello, cuando Freud habla de la función de síntesis del Yo, habla de lo que el Yo quiere lograr pero no de lo que logra, y por eso habla de los vasallajes del yo y no del señorío del Yo. A partir del instintivismo kleiniano, se volvía a poner como último determinante a los instintos que tenían que ver con lo biológico sin advertir la importancia que Freud estableció entre pulsión e instinto.

El instinto está determinado por el objeto que le conviene, la comida de las hormiguitas por ejemplo (no hay huelga de hormiguitas) y en cambio la pulsión es aquello que, originado también en el cuerpo, es lo que hace que pasemos de la comida al menú. Cuando tenemos esa libertad del menú también la oportunidad de desorientarnos y lo único que allí nos puede orientar es lo que llamamos la articulación simbólica. Es decir lo mismo que nos desorienta, el lenguaje y la palabra, es la oportunidad para volver a orientarnos.

Lacan tuvo que recordar eso fundamental a los psicoanalistas: el descubrimiento fundamental de nuestro maestro es el inconsciente y el inconsciente está estructurado como un lenguaje y el ser humano produce síntomas precisamente porque el lenguaje atraviesa el cuerpo y esa determinación del síntoma es lo que permite que el psicoanálisis opere deshaciendo el síntoma también a través de la palabra. Es decir que Lacan requiere del retorno para volver a los conceptos fundamentales del psicoanálisis, los conceptos de Freud, que fueron desvirtuados por los analistas que lo sucedieron.

En este momento de la historia del psicoanálisis, se vuelve a repetir la misma situación. En el caso de Lacan agravado por la modalidad oral de su enseñanza y por la transcripción de la misma en manos de una Escuela que impone su propia impronta y acentuación. De este modo se establecen distintos períodos en su enseñanza, generalmente tres, en los que se distinguen referencias específicas. El primero apunta al retorno a Freud, su deuda al estructuralismo y la lingüística, y una relación fundamental con el pensamiento de Heidegger. El segundo alude fuertemente a lo simbólico, la metáfora paterna y el establecimiento de los conceptos fundamentales del psicoanálisis: el Inconsciente, la pulsión, la transferencia y la repetición. Y finalmente el tercero a toda la temática de lo Real como elemento último de su trilogía (Imaginario, Simbólico y Real), la institución de la topología como modo de pensarlo y el Goce en contraposición o complementariedad con el deseo y el placer.

Esta división que en algún momento el mismo Lacan avaló puede pensarse de distintos modos. Como una progresión en la cual una etapa supera a la otra, en el sentido de las ciencias naturales, o como un proceso de pensamiento en el cual una se resignifica en la otra y produce un nuevo saber acerca del inconsciente que fundamenta la teoría y la clínica. Hay también una modalidad en la que se ve una escisión entre el psicoanálisis clínico, político y epistemológico y se privilegian lecturas de una u otra orientación sin tener en cuenta que ninguna se sostiene sin la otra.

Esto tiene su origen en la misma modalidad en la que se gestó la publicación de sus seminarios, única fuente de acceso a su palabra, fuera de los escritos que él mismo editó. El establecimiento de esos seminarios ha sido pensado de distintas maneras, desde la restitución de un sentido que se habría perdido en la estenografía de las clases que dictó, hasta una puntuación que reforzaba el poder institucional de una Escuela que se fundó en su nombre después de que él hubiera disuelto la suya.

Esta marca institucional-familiar, hereditaria y legitimada también comprende una posición y una interpretación de la palabra lacaniana. El hecho de que esta legitimación anule de alguna manera otras lecturas y comprensiones ha llegado evidentemente a un nudo en el cual los otros participantes se encuentran en una situación de exclusión. Como plantea Michel Sauval en su artículo “El testamento de Lacan”: durante esos 20 años de espera hubo intentos, de parte de algunos de los asistentes al seminario, de dar cuenta de esa enseñanza. Pero, obviamente, medidos con la vara de las exigencias de un ejercicio de transcripción “fiel” que pudiera alcanzar la pretensión de llevar la firma del propio Lacan, estos “intentos” no podrían sino desecharse, por la sencilla y estricta razón de que nunca pretendieron ser más que el “resumen” o “versión” que los firmantes podían testimoniar de esa enseñanza oral a la que habían asistido. Que yo sepa, ninguno de ellos pretendió redactar un texto que pudiera ser firmado por Lacan.

Después de muchas escisiones y confrontaciones, el curso de la disputa podría pensarse en términos de quiénes son o no discípulos de Lacan, es decir quiénes pueden o no seguir su palabra más allá de la cercanía o familiaridad con su persona. Este concepto de discípulo que tan bien trabajara Kierkegaard da la medida de la lectura que hoy en día se hace de la obra de Lacan porque pone en juego un concepto de fidelidad que va más allá de las convencionales posiciones en juego. Ser fiel a su palabra significa hacerse cargo de lo que hay que pensar en ella, y con esto volvemos a los conceptos fundamentales y su fundamentación. Entonces cuando se plantea el retorno a Lacan sería conveniente poner sobre la mesa la pregunta que guió todo el quehacer lacaniano: ¿Qué es el psicoanálisis?, pregunta que hoy se deja de lado en tanto es la cuestión del ser la que a partir de aquí habla para siempre.

La pregunta por lo que es el psicoanálisis implica poder pensar más allá de estar a favor, en contra de las instituciones psicoanalíticas. Queda abierto el espacio para debatir en torno a lo que quizá sea un problema para nada carente de historia: el de la palabra al fin revelada y el poder que la promesa de su enunciación supone.

FUENTE Y OTROS ENLACES: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/implica-regreso-Lacan_0_1291070892.html

 Jacques-Alain Miller

 El perdón a las ofensas

(Artículo publicado en el Blog de Lore Buchner: http://www.psicoanalisisinedito.com/2015/01/jacques-alain-miller-el-perdon-las.html)

El disparador para este texto es el último número de Charlie Hebdo, publicado una semana después del atentado al semanario, cuya portada lleva una imagen de Mahoma al borde del llanto, sosteniendo un «Je suis Charlie», mientras detrás todo es coronado por un «Todo está perdonado». JAM entonces se aboca a la cuestión delperdón. Resalta que en el psicoanálisis nunca se perdona, que de nuestra posición de sujetos somos siempre responsables, que no podemos disculparnos por nuestro inconsciente, que es allí donde somos también nosotros y más verdaderamente. Nada entonces te será perdonado. Hablará de la historia de Moisés, de la Corte penal internacional, de las dificultades para representar ciertas obras teatrales que se meten con la cuestión de la blasfemia. JAM nos dice que encuentra maravilloso que hoy las Luces conserven intacta su misión subversiva, y se pregunta cuánto tiempo pasará hasta que se solicite desmontar sus símbolos en la ciudad para no afectar a los creyentes, al tiempo que retoma las últimas declaraciones del Papa Francisco sobre el tema.

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La violencia contemporánea, por Eric Laurent

“La época vive una fascinación por la violencia”

ERIC LAURENT

El psicoanalista francés Eric Laurent, a horas de aterrizar en la Argentina (año 2012) para participar de las jornadas anuales de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL), dijo que en gran parte del mundo contemporáneo se vive una fascinación por la violencia contra uno mismo y contra los otros.

En esta entrevista, el autor intenta dar respuesta a los siguientes interrogantes: La dietética, la pedagogía, el biopoder, la genética, etcétera. ¿De qué manera esas prácticas, esos saberes, tocan al cuerpo del sujeto del discurso de la ciencia? ¿Existe una diferencia entre el sujeto, capturado por el discurso de la ciencia, y lo real que agita a ese sujeto, ese real que se presenta como inasimilable, irrepresentable, imposible de mensurar? ¿Es posible que el sujeto delcomún (del que habla Toni Negri), bajo estas condiciones, sea capaz de pensar una política emancipatoria, teniendo en cuenta los reparos que Lacan tenía al respecto? Finalmente, en la película Das experiment, de Oliver Hirschbiegel, ¿existiría alguna clave para entender por qué el psicoanálisis de orientación lacaniana está condenado a sobrevivir en este mundo que decidió sepultar la relación del sujeto con su finitud, y se entregó a la acción-reacción del cognitivismo social?

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El psicoanálisis y la crisis del control de la infancia, Eric Laurent

 El prestigioso psicoanalista francés Eric Laurent participó del IV Congreso Internacional de Investigación y Práctica profesional en Psicología. Allí pronunció una conferencia en la cual trató el tema del fracaso del control de la infancia en la sociedad actual y el lugar que le cabe al Psicoanálisis en esta crisis. Se refirió al debate en torno al DSM-V y su creación de etiquetas, así como al autismo como una de las tres epidemias del siglo.

eric laurent

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Gabriel Rolón: Entrevista

En esta entrevista, el psicoanalista argentino Gabriel Rolón nos habla de temas de interés general: la niñez actual, aceptación de la pareja, divorcio, rol femenino, fidelidad, amor, etc.

Gabriel Rolón (nacido el 1 de noviembre de 1961), es un psicoanalista, escritor y cantante argentino, famoso por su participación en varios programas de radio y televisión. Es autor del superventas Historias de Diván.

Transtorno por déficit de atención (TDA o TDAH) y niños bipolares. Una infancia medicada.

Transtorno por déficit de atención (TDA o TDAH) y niños bipolares

(La información de esta entrada es un resumen textual del excelente artículo publicado en: Temas de Psicoanálisis, titulado: «La ideología de la neurociencia»,  y disponible completo en: http://www.temasdepsicoanalisis.org/la-ideologia-de-la-neurociencia-2/. Recomiendo enfáticamente su lectura, ya que contiene datos relevantes sobre el efecto nefasto de los psicofármacos en general, y sobre la medicalización de la vida cotidiana, en especial de la infancia)

En 1902 el inglés George Frederick Still, describió un tipo de niño que hoy  denominaríamos inquieto y conductual; en sus palabras, niños que tenían erupciones  violentas, destructividad y falta de respuesta a los castigos. El trastorno de déficit de  atención surge fundamentalmente por las quejas escolares y solo una minoría de niños  exhiben el trastorno en las entrevistas psiquiátricas (Whittaker, 2010 a).

En 1980 el DSM-III introdujo el trastorno de déficit de atención como enfermedad  por primera vez, con síntomas cardinales de hiperactividad, inatención e impulsividad.  Dado que muchos niños se inquietan y tienen la dificultad de mantener la atención en el colegio, el diagnóstico empezó a despegar.

En 1987 se aflojaron aún más los criterios diagnósticos en el DSM-III-R renombrándolo Trastorno de déficit de atención e hiperactividad. A continuación, Ciba Geigy financió a una asociación de personas afectadas del Trastorno “CHADD” (Children con trastorno por déficit de atención) quienes consiguieron, mediante un trabajo de lobby  político pagado por el laboratorio, que el Congreso de los Estados Unidos de América, incluyera TDAH como minusvalía cubierta por el edicto de minusvalías educativas y que los niños optaran a servicios especiales financiados con impuestos federales. Acto seguido, las escuelas empezaron a identificar niños con este trastorno. De repente, los niños con TDA se podían encontrar en todas las clases de todos los colegios. El número de niños

diagnosticados se elevó a un millón en 1990 y dobló la cifra cada cinco años. Hoy hay tres millones y medio de niños en Estados Unidos tomando estimulantes para TDA, eso es uno de cada 23 niños entre los 4 y los 17 años está actualmente medicado con estimulantes.

[…]

Aunque la gente escucha a menudo que el TDAH es una enfermedad cerebral que normalmente requiere un tratamiento de por vida, la verdad es que su etiología es desconocida. La neuroanatomía del cerebro es normal y después de años de investigaciones clínicas y de experiencia con TDAH, “nuestro conocimiento de la misma es

especulativo”, explicó el panel de expertos del Instituto Nacional de la Salud Mental (NIMH) en 1998.

Así pues, vemos que no se descubrió nada nuevo que mostrara una enfermedad mental llamada TDA. Ha habido una larga historia de especulación en la medicina, según la cual, los niños extremadamente hiperactivos sufrían una disfunción cerebral de algún tipo. Es una idea razonable, pero la naturaleza de la misma nunca fue discernida hasta que en los años 80 la psiquiatría, simplemente con una firma, creó en el DSM-III una definición dramáticamente expandida de hiperactividad; el distraído “sieteañero” que andaba en su mundillo, de golpe, está ahora padeciendo un trastorno psiquiátrico.

Mecanismo de acción del metilfenidato

Con Rubifén un niño inquieto, que era un “pesado” en la clase y se movía demasiado, se silencia. El niño ya no habla tanto ni interrumpe el ritmo de la clase. Si se le da una tarea, como el hacer problemas aritméticos, el niño podría centrarse en ello perfectamente. Esto, que algunos han pensado que es una mejoría desde el punto de vista social, es la perspectiva que se muestra en los ensayos de eficacia de estos estimulantes.

[…]

Sin embargo, nada de esto revela que el tratamiento en el fondo ayude al niño. Los estimulantes funcionan para los profesores y quizá para los padres, pero, ¿realmente ayudan al niño? Aquí, desde el principio, los investigadores se han dado contra un muro.

Los niños con estimulantes sienten un disgusto intenso por tomar pastillas y, según el estudio multicentrico multimodal liderado por Jensen ―al que me referiré mas adelante― a los 8 años los padres también. Los niños de Rubifén (Jacovitz, 1990) se ven, asimismo, menos contentos de sí mismos y más disfóricos. En lo relativo al hecho de socializarse y hacer amigos, los estimulantes tienen pocos efectos positivos y una alta incidencia de efectos negativos. Varios investigadores han documentado el efecto clínico del Rubifén reduciendo la curiosidad del niño por su ambiente, disminuyendo su vivacidad y aumentando su aislamiento. Los niños de Rubifén a menudo se hacen pasivos, sometidos y aislados socialmente.

Otros investigadores informan del efecto sobre la imagen de sí mismo del niño que toma una medicación para funcionar de manera normal, como una imagen dañada por una percepción de ser malo o tonto si tiene que tomar una pastilla. El niño desconfía de su mente y de su cuerpo y de su propia habilidad de crecer y madurar, tiene que creer que las pastillas hacen un efecto mágico y le convierten en un niño bueno (Stroufe,19 73).

Cuando se habla de todo este rosario de efectos perniciosos, de que un niño se hace inseguro, solitario, lleno de complejos, y cuando se investiga si por lo menos este medicamento ayuda académicamente y le compensa obteniendo buenas notas nos encontramos que esto no es así. El ser capaz de sostener la atención en un test no se convierte en logros académicos a medio plazo. Este medicamento aumenta la capacidad en tareas repetitivas y rutinarias que requieren atención sostenida, pero en el razonamiento y en la resolución de problemas, en el aprendizaje, no parece tener un efecto positivo.

Al cabo de tres años, Jensen y colaboradores (Jensen 2007.) reportan que el uso de la medicación es un marcador significativo, no de resolución beneficiosa, sino de deterioro.

Asimismo, estudios ulteriores muestran que el uso prolongado de estimulantes no mejora la capacidad académica a ningún nivel (Whittaker, 2010). Otros metanálisis muestran que los síntomas cardinales de TDA ―impulsividad, inatención― empeoran en comparación con los que están sin medicar, con el añadido de que esa población está significativamente más expuesta a tener problemas conductuales de tipo oposicionista y disocial

 

Entra el bipolar

Después de una epidemia de TDAH llegaron noticias de que la depresión infantil estaba campando por sus respetos y, no mucho más tarde, en los años 90, el trastorno bipolar juvenil explotó en las narices de la opinión pública, en gran medida promocionado por el grupo del Mass General Hospital. Periódicos y revistas de información general explicaron este fenómeno como si fuera un nuevo descubrimiento científico de una enfermedad que estaba larvada y no descubierta. Hasta entonces, la enfermedad maníaco depresiva en niños era extremadamente rara y, aún así, la escalada de niños identificados con este trastorno fue tan fuerte que se multiplicó por 40 entre 1995 y 2003, tanto, que incluso los periodistas se empezaron a preguntar si era algo anormal.

Algunos científicos se preguntan si algo en el estilo de vida moderno no está empujando a niños a un estado bipolar que de otra manera no habrían tenido. Antes de la era psicofarmacológica era un trastorno muy raro y tenía una afectación de 1 cada 10.000. En 1945 Bradley afirmó que el trastorno maníaco en la edad pediátrica era tan raro que era mejor evitar el diagnóstico en niños; también otros autores lo sostuvieron hasta los años 70, que es cuando los estimulantes se empezaron a prescribir en masa (Whittaker, 2010).

Así, lentamente, empezaron a aparecer casos en la literatura. En 1976 Weinberg, neurólogo pediátrico, publicó en el American Journal of Diseases un artículo comentando que quizás el concepto de que la manía no ocurre en niños deba ser revisado para poder entender e identificar esta enfermedad. Este fue el momento en el que se descubrió la enfermedad. Revisó los casos de cinco niños pero no detalló que al menos tres de ellos habían sido tratados con antidepresivos o con Rubifén. Dos años más tarde, se publicaron una serie de nueve casos sin reparar que habían sido tratados anteriormente con estos medicamentos. Strober y Carlson (1982), en UCLA, mostraron que 12 de los 60 niños tratados se habían vuelto bipolares en tres años. La sugerencia de que la medicación podría haber influido quedó retorcida con el argumento de que la medicación lo que hacía era desenmascarar esta enfermedad latente, y este desenmascaramiento de la enfermedad bipolar enseguida despegó. La prescripción de Rubifén y de antidepresivos también despegó en los 90 y, paralelamente, la epidemia bipolar explotó (ver gráfico). http://www.temasdepsicoanalisis.org/la-ideologia-de-la-neurociencia-2/

Entre los años 1996 y 2004 el número de niños diagnosticados con esta terrible enfermedad se multiplicó por cinco, afectando a uno de cada 15 niños prepuberales en América. El descubrimiento de la enfermedad bipolar en niños pronto se aceleró. El número de niños agresivos y fuera de control admitidos en las unidades psiquiátricas, se disparo por todo lo alto.

Investigadores de Yale, (El–Mallakh, 2002) revisaron a lo largo de cuatro años las historias de 8.7ooo pacientes tratados por depresión o ansiedad y determinaron que aquellos que habían sido tratados con antidepresivos hacían una conversión a bipolar a un ritmo del 7,7%, es decir, tres veces superior al de aquellos no expuestos a antidepresivos.

En un estudio de seguimiento a los 10 años, Bárbara Geller (1982), de la Universidad de Washington, decía que la mitad de los niños prepuberales tratados por depresión, terminaron con un trastorno bipolar, lo cual nos lleva a la ecuación bipolar: si actualmente se tratan 2 millones de niños, crearemos aproximadamente 500.000 bipolares.

Tema recortado textualmente de: http://www.temasdepsicoanalisis.org/la-ideologia-de-la-neurociencia-2/La ideología de la neurociencia, por: Manuel Fernández-Criado. En: Temas de psicoanálisis, Núm 8. Julio 2014.